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lunes, 23 de junio de 2014

LOS “DIABLUCOS” Y LA FIESTA DEL CORPUS EN HELECHOSA DE LOS MONTES


En la bella comarca de la Siberia extremeña, se encuentra el pueblo de Helechosa de los Montes que, llegadas las fiestas del Corpus, se transforma por completo para cumplir con una de sus tradiciones más antiguas y queridas.
El Corpus Christi de Helechosa destaca por su sabor tradicional, pues se trata de una celebración que aúna ritos y sentimientos que dan como resultado una fiesta muy colorista y de mucho significado para las gentes del lugar. La fiesta se celebra en Helechosa el Domingo de Corpus y el domingo de la Octava, es decir, al siguiente. Son varios los momentos por los que destaca, pero hay un aspecto por el que esta fiesta se convierte en única: la presencia de los “Diablucos”. Estos personajes representan las fuerzas del mal, el diablo. Me cuentan que antiguamente solían ser dos los que participaban en la fiesta, y que incluso en alguna ocasión la Hermandad se vio obligada a pagar a gente para que desempeñara el cargo. En la actualidad son varios los “Diablucos” que participan, asegurando así la pervivencia de la tradición. Son el principal elemento desestabilizador de la fiesta en honor a Jesús Sacramentado y muy probablemente su presencia, al igual que la de otros personajes de similares características en otras fiestas, tenga origen en otros ritos antiguos de carácter pagano, enmarcados dentro del Solsticio de Verano, y que sufrieron un importante sincretismo con la llegada del Cristianismo, derivando en la actual fiesta del Corpus. Visten de una manera muy pintoresca con monos de color rojo con botonadura negra y roja, que además llevan capucha de color negro y una especie de trenza que va desde la cabeza hasta el final de la espalda y que se remata con una borla que hace referencia al rabo del diablo. Sin duda el elemento más vistoso de todo el atuendo son las máscaras que portan los “Diablucos”, de tonos negros y rojos, con aspecto demoníaco y con cuernos. Completan el traje unos cascabeles cosidos en la parte baja de los pantalones que advierten de su presencia y que representan lo ruidoso del pecado, los placeres del mundo que siempre se nos presentan con una llamada atractiva pero engañosa. Llevan colgada del cinturón una calabaza seca, que bien puede ser un elemento relacionado con la fecundidad, pues desde antiguo este fruto ha tomado esta simbología, debido a que contiene gran cantidad de pepitas que hacen referencia a esa fertilidad, al igual que otros frutos como la granada. Por un lado esta fecundidad podría referirse a la de la mujer, y definirse la calabaza como elemento fálico, y por otro podríamos encontrarnos ante un rito de fertilidad de la tierra, es decir, de llamada a las buenas cosechas que en esta época del año se encuentran en todo su apogeo. También la calabaza en el mundo cristiano, que en este caso es el que nos atañe, simboliza la vanidad y la brevedad de la vida por tratarse de un fruto que crece y se estropea muy rápido. En este sentido vendría a referirse al pecado, que en vida nos ofrece toda clase de placeres pero que llegada la muerte todo se esfuma rápidamente. En contraposición está la Vida Eterna que nos viene dada por Dios después de la muerte. Así encontramos seres opuestos: los “Diablucos” que encarnan el pecado, y el Santísimo Sacramento que anuncia esa Vida Eterna. Dos de ellos portan grandes tambores con parche de piel, mientras el resto portan las tradicionales castañuelas de forma picuda con las que van marcando el ritmo de la danza, y que nuevamente se refieren a lo ruidoso del pecado que se muestra siempre llamativo. Completa el atuendo el calzado de color blanco.
Otra parte fundamental del Corpus de Helechosa son los altares que los vecinos colocan en diferentes puntos del recorrido de la procesión. Normalmente estos altares son fruto de una promesa, es decir, una persona que se ha encontrado en un trance complicado, ofrece al Santísimo Sacramento preparar un altar para el día del Corpus. Estos altares son dignos de ver, pues se decoran muy ricamente con colchas bordadas, sábanas, manteles, mantones, reposteros, imágenes religiosas… pero si por algo destacan es por la cantidad de alimentos y ofrendas que en ellos encontramos. Corderos, palomas, cestas de frutas y verduras, botellas de vino, frutas en conserva, cantidades de dinero en billetes y dulces de todas las clases adornan estos altares. Entre los dulces encontramos algunos de los más típicos de Helechosa como son las flores, la candelilla, los canutos, las rosquillas… Se completa la decoración con gran cantidad de plantas y flores que dan una impresionante vistosidad al conjunto. Después todos esos productos son subastados en la tradicional “almoneda” que tiene lugar por la tarde y en la que los vecinos pujan por conseguir alguno de esos manjares, siendo el total de la recaudación para la Hermandad del Santísimo.
Todas las calles por las que pasará la procesión se adornan con colgaduras, sábanas que a modo de palio cubren el paso de la Custodia, pendones, ramas de árboles, palmas… Y todas se alfombran con helechos, y plantas aromáticas que dan gran vistosidad al paso del cortejo.
Como decía, los “Diablucos” son protagonistas en esta fiesta. El domingo de Corpus por la mañana, antes de la misa, y cuando ya está todo el pueblo engalanado, salen con la cara descubierta a recorrer las calles de Helechosa haciendo sonar los tambores y las castañuelas. Este recorrido puede hacer referencia al deseo del maligno de impregnar todas las calles por las que pasará el Santísimo, y que finalmente quedarán bendecidas y purificadas. Es en este momento cuando recogen al mayordomo de la cofradía y a las autoridades en sus domicilios, dirigiéndose por último a la casa del señor cura, quien les ofrece un refresco antes de partir a la iglesia, y les hace entrega de las máscaras que tenía guardadas en su casa. Al llegar la comitiva a la puerta de la iglesia, los “Diablucos” comienzan su incesante danza ritual y se colocan en la puerta componiendo un arco con sus brazos, por el que han de pasar el sacerdote y las autoridades. Antes de entrar en el templo, los “Diablucos” han de dejar sus máscaras fuera de la iglesia, y las cuelgan del gran cerrojo de la puerta, para ponérselas de nuevo finalizada la Misa. Durante la celebración eucarística hacen acto de presencia destacando el momento de la Consagración, en el que ante la presencia real del Señor, golpean enfurecidos sus instrumentos, impidiendo que los fieles escuchen las palabras que el sacerdote pronuncia en ese instante. Acabada la Misa se vuelven a poner las máscaras y da comienzo la procesión del Santísimo bajo palio al que ellos preceden ejecutando su danza. La danza consiste en dar enérgicos brincos acercándose y alejándose del sacerdote que porta la custodia. Se acercan primeramente de frente, y al llegar ante el Santísimo Sacramento hacen una especie de reverencia, haciendo referencia al triunfo del bien sobre el mal, pues la presencia del Señor les incomoda; después marchan hacia delante dando la espalda. La procesión se va deteniendo en todos y cada uno de los altares donde el sacerdote bendice con el Santísimo. Mientras tanto los “Diablucos” son obsequiados con bebidas por parte de los vecinos que han preparado el altar, para que aparte de descansar, no interrumpan el momento de la bendición y no distraigan a los fieles. La procesión vuelve a la iglesia, pero los “Diablucos” –el mal- no se han dado por vencidos ante la santificadora presencia del Señor. Será cuando la Custodia haya llegado al interior del templo, cuando salgan de forma atropellada y a la carrera a la calle, habiendo sido derrotados, triunfando el bien, identificado en la presencia real de Cristo.
Al domingo siguiente, en la fiesta conocida como “la Octava”, los “Diablucos” de la misma manera vuelven a hacer su aparición, dando así por finalizada esta curiosa e interesante fiesta que Helechosa de los Montes celebra cada año con la misma devoción.
Agradezco la colaboración de mi amigo Julián Carril, sacerdote hijo de Helechosa, que me ha aportado información sobre esta fiesta.
Frutas y verduras ofrcidas en un altar

Los "Diablucos" se dirigen a la casa del cura

Ofrenda de un cordero

Dos pichones en uno de los altares

Los frutos de la tierra se ofrecen al Señor en Helechosa

El cura entrega las caretas a los "Diablucos"

Las máscaras aguardan colgadas en la puerta durante la misa

"Diabluco" ante la custodia

Precioso altar de ofrendas

Los vecinos de Helechosa sacan sus mejores galas

Las típicas castañuelas de los "Diablucos"

Ofrenda de tipo económico en uno de los altares

La calabaza que portan en la cintura los "Diablucos"
 
La típica máscara de "Diabluco"
 
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