Bienvenidos a OBJETIVO TRADICIÓN, un proyecto que se basa en el estudio y la divulgación del patrimonio cultural inmaterial tan rico que posee España. Te invitamos a conocerlo a través de los ritos, costumbres, fiestas, tradiciones, folklore... que traemos hasta este espacio. ¡Gracias por tu visita!

sábado, 21 de enero de 2017

EL TAFARRÓN Y LA MADAMA DE POZUELO DE TÁBARA



La provincia de Zamora conserva importantes manifestaciones festivas que conforman un rico y variado calendario de tradiciones que se suceden a lo largo del año. Hay una época, comprendida entre los días 26 de diciembre y 6 de enero, en la que tienen lugar una serie de ritos que reciben el nombre de MASCARADAS DE INVIERNO. Estas celebraciones se reparten por diferentes lugares de la provincia zamorana y todas cuentan con un denominador común: se trata de ritos en torno al solsticio de invierno que, aunque incorporaron el elemento religioso con la llegada del cristianismo, tienen claramente su origen en ritos de carácter pagano. Es el caso de la mascarada que nos ocupa: el Tafarrón y la Madama de Pozuelo de Tábara. 

Este pequeño pueblo de Zamora celebra cada año el 26 de diciembre, fiesta de San Esteban, una tradición muy antigua que se compone de una serie de ritos que la hacen única. Muy probablemente, como señalaba anteriormente, un rito de carácter pagano asociado con la fertilidad y la expulsión de los malos augurios de la comunidad, pudiendo encontrar sus orígenes en ritos prerromanos primero, y más tarde en época romana en las Lupercales y Saturnales. Pero la fiesta del Tafarrón no solamente se limita a ese día, sino que cuenta con una serie de preliminares que se suceden desde el 7 de diciembre, momento en que los mayordomos -que portan un cayado que recibe el nombre de “cacha”- anuncian la celebración haciendo sonar cencerros, siendo el mayordomo mayor quien hace entrega del traje y todas sus preseas al Tafarrón. El curioso traje de este personaje se compone de una especie de falda y peto con capa elaborados con juncos machacados. Completan la indumentaria la careta negra y roja de metal con cuernos de cabra, orejas de liebre, barba y bigote, que va unida a una toalla que cae por la espalda; un palo del que pende una pelota con la que golpea a la gente, y un cazo con el que recoge la cuestación. El traje de la Madama se compone de una bata de flores con una “M” (de Madama) cosida a la espalda junto a una pequeña muñeca, y un sombrero con velo.  A partir de este día hasta el de Nochebuena, los mayordomos en determinados días saldrán a las calles de Pozuelo con los cencerros y visitarán a los mozos que participarán en la Función del Tafarrón. El día 22 de diciembre piden permiso al alcalde para cortar una encina de la que obtendrán la leña para calentar la Casa de la Función y hacer las comidas los días que dura la fiesta.

El día 25 de diciembre, víspera de la Función del Tafarrón, se suceden una serie de ritos con los que se da inicio a los días grandes de Pozuelo de Tábara. Primeramente los Alcaldes buscan casa por casa a los cuatro mozos que por su edad ya podrían ser Mayordomos Entrantes, siempre con la licencia de los padres. Por la tarde los Mayordomos Mayores se encargan de bajar a San Esteban del altar para colocarlo en las andas sobre las que procesionará al día siguiente. Al atardecer tiene lugar otro de los actos más destacados de la fiesta: “las Vigilias”, que se realiza en la iglesia y en el que se interpretan cantos en latín. A la salida de la iglesia tiene lugar la primera aparición del Tafarrón y la Madama, en esta ocasión vestidos a la inversa, esto es, el Tafarrón viste de Madama y esta viste de Tafarrón. Se producen las primeras carreras y saltos de estos dos personajes protagonistas, y finalizan las Vigilias en casa del alcalde del pueblo que agasaja a los asistentes, y donde la Madama dedica los “vivas” a cada uno de los cargos que participan en la fiesta. Finaliza la jornada de la víspera con la cena y el posterior baile en el que aparecen vestidos de Tafarrón y Madama los Mayordomos, los Alcaldes y todos aquellos que han participado en la fiesta en años anteriores y se quieran vestir.

El día grande de la Función del Tafarrón es el 26 de diciembre, día de San Esteban. Después del baile de la noche anterior, los Mayordomos entregan los cencerros a los Entrantes que ya por la mañana se dirigen a casa del Tafarrón, la Madama y los Alcaldes respectivamente para despertarles y que salgan a “dar los días”. En este ritual no pueden ir juntos, primero van los Alcaldes y detrás los Tafarrones, y no pueden olvidar llamar a ninguna casa de Pozuelo para felicitar las Pascuas por considerarse este un momento de gran importancia. Durante la cuestación los vecinos les agasajan con comida y bebida y les hacen entrega de un donativo. Cuando han terminado de “dar los días”, tienen lugar las celebraciones religiosas de la fiesta. La dulzaina y el tambor acuden a recoger casa por casa a los integrantes de la Función del Tafarrón por este orden: primero los Alcaldes, después los Mayordomos, y por último el alcalde del pueblo, todos ellos vestidos con traje, capa castellana y sombrero, y acompañados por una moza vestida con traje típico. En el momento de la procesión, los Mayordomos Mayores llevan el “Ramo de San Esteban” compuesto de naranjas y manzanas y el “bollo maimón” o “mimón” como también me cuentan que se denomina; el resto de Mayordomos portan la Cruz procesional y los faroles. La moza porta un cestillo lleno de trozos de pan que se bendecirán y se repartirán entre los asistentes a la salida de misa. Los cuatro Entrantes portan las andas del santo, y se sitúan a la salida de la iglesia para que el Tafarrón y la Madama hagan “las venias” a San Esteban. Se forma un pasillo por el que ambos personajes se acercan corriendo y dando enérgicos saltos hasta que llegan ante la sagrada imagen a la que hacen una reverencia. Se repite la venia tres veces, siendo este el único momento de la fiesta en que el Tafarrón cubre su cara con la tradicional careta. Al tiempo que saltan emiten los característicos “hiuju, ju”. Durante toda la procesión no paran de correr y saltar dirigiéndose en todo momento a la imagen de San Esteban. A la llegada de la procesión a la iglesia, y antes de la misa, el Tafarrón en la puerta ofrece el agua bendita a los fieles en el cazo que porta. Durante la misa tiene lugar el “ofertorio”, único momento en que el Tafarrón entra en la iglesia desprovisto de su traje y se sitúa de rodillas en el altar donde sus vecinos le hacen entrega de objetos de toda índole con la intención de gastarle una broma. Finaliza el ofertorio con el ofrecimiento a San Esteban por parte de la Madama, del último niño nacido, como símbolo de continuidad de la fiesta.

Después de la misa y antes de la comida, se suceden de nuevo las carreras y persecuciones del Tafarrón y la Madama a quienes les comprometen. Ya por la tarde tiene lugar la subasta del ramo y el bollo maimón, y las “votaciones”, acto en el que los Tafarrones organizan dos filas en las que se colocan los Alcaldes, los Mayordomos, los Entrantes y el resto de mozos asistentes, tratando por todos los medios mantener el orden y que no se descompongan las filas, ocurriendo esto último cuando se da el voto al Tafarrón, momento en que se reanudan las carreras y las persecuciones.

El 27 de diciembre por la mañana se celebra la misa ofrecida por los difuntos y previamente la procesión de San Esteban portado por los Entrantes. Después de la misa se llevan a cabo las últimas carreras, y para finalizar la Función tiene lugar uno de los momentos más esperados: “las suertes”, mediante las cuales se realiza el sorteo en el que se elegirán los Alcaldes, el Tafarrón y la Madama para la Función del año siguiente. Quienes han salido Tafarrones recogen los trajes y sus preseas y pasean por el pueblo para que sus vecinos se hagan eco del nombramiento.

Estamos ante una fiesta única compuesta de muchos momentos que la hacen especial. Un rito que las gentes de Pozuelo de Tábara mantienen como su mayor tesoro y que transmiten de generación en generación para que nunca se pierda. Fue un placer y una gran suerte poder vivir en primera persona esta fiesta, y haber podido conocer a quienes con tanto esfuerzo luchan por que no caiga en el olvido y consiga el reconocimiento que merece. Agradezco de corazón la colaboración y la amabilidad de Mario Román, Ángel Haro y José Manuel, miembros de la directiva de la Asociación Tafarrón y Madama de Pozuelo de Tábara, con quienes tuve la enorme suerte de hablar y conocer datos acerca de la fiesta. Muchísimas gracias a todos ellos por toda la información que tan gustosamente me han facilitado para la realización de este artículo.













*Todos los textos, así como las fotografías y los archivos de vídeo, son propiedad del autor.

lunes, 2 de enero de 2017

EL “DÍA DEL BOLLO” EN NAVALAGAMELLA


El pueblo madrileño de Navalagamella, enclavado en la Sierra Oeste, cada año celebra en los primeros días de enero una antigua fiesta cuyos orígenes se podrían encontrar en la celebración litúrgica de la Circuncisión del Niño Jesús. Durante tres días este pueblo celebra la Fiesta del Niño que tiene su punto álgido en los ritos que se realizan el primer día del año en que los bailarines ejecutan una danza tradicional que recibe el nombre de “Baile del Niño”.

Los protagonistas de esta celebración son cuatro mayordomos y cuatro bailarines, cargos que antiguamente ostentaban los quintos y que se consideraba como rito de paso a la edad adulta. En la actualidad son un grupo de jóvenes los que cada año dan vida y pervivencia a esta fiesta ofreciéndose a ocupar estos cargos con gran entusiasmo. Aspecto este muy importante puesto que gracias a ese esfuerzo y tesón esta tradición no ha caído en el olvido como ha ocurrido con algunas en otros lugares.

El día 31 de diciembre por la mañana salen todos al monte acompañados por todos aquellos que lo deseen para recoger la leña con la que por la noche se encenderá la luminaria en la plaza. Entrado el año nuevo se enciende la hoguera y en torno a ella se cantan las tradicionales coplillas y los bailarines ensayan el “Baile del Niño” que a la mañana siguiente ejecutarán en la procesión. Me contaban que antiguamente se dividía el pueblo en cuatro partes o barrios a los que debían acudir en esa noche un bailarín y un mayordomo para cantar las coplillas casa por casa. De manera que a la misma vez todos los bailarines y mayordomos por parejas estaban repartidos por los distintos barrios del pueblo.

El 1 de enero es el día grande en que se celebra la Fiesta del Niño y en el que los bailarines y mayordomos juegan un papel muy importante. Después de la misa sale la imagen del Niño Jesús en procesión adornada con globos de papel de seda, mandarinas y mantones. Es portada por los cuatro mayordomos a los que preceden los cuatro bailarines que durante todo el recorrido van realizando el “Baile del Niño”. Les acompañan la gaita y el tambor, Pedro y Antonio, dos músicos de los pueblos segovianos de Torre Val de San Pedro y Matabuena que llevan varias décadas acudiendo a esta fiesta. Hablando con ellos me comentaban que sus padres ya asistían a Navalagamella cada año y que después fueron ellos los que tomaron el relevo. Sin duda son también ya parte fundamental de la tradición que según me decían consideran como propia.

El "Día del Bollo" es otro de los ritos que componen esta fiesta. Se denomina así porque antiguamente era este dulce con el que los vecinos agasajaban a los bailarines y mayordomos que durante el día 2 de enero recorrían el pueblo casa por casa. En la actualidad suelen entregarles dinero y algunos dulces y licores. Con el dinero obtenido en la cuestación se paga al gaitero y al tamborilero, así como otros gastos que acarrea la fiesta.


Por la mañana se reúnen todos a desayunar y en torno a las diez inician la cuestación por los diferentes barrios de Navalagamella. Van ataviados con mantones y llevan el tradicional gorro adornado con cintas de colores y broches. Se sirven de las castañuelas engalanadas con madroños de lana para marcar el ritmo de las danzas. La gaita y el tambor les acompañan nuevamente tocando diferentes piezas como jotas, pasodobles… Algunos vecinos abren las puertas de sus casas e invitan a los bailarines y mayordomos a entrar y les agasajan con dulces. Muchos les solicitan antes de entregarles el aguinaldo que interpreten el “Baile del Niño”, a lo que ellos acceden muy gustosos. A medio día hacen una parada y se reúnen para comer y por la tarde reanudan la cuestación acudiendo a las casas a las que aún no habían ido. Para rematar la jornada invitan a todo el pueblo a un baile amenizado por la gaita y el tambor, poniendo así el broche a esta preciosa fiesta.

Gracias a la invitación de Ismael Pozuelo, gran conservador de las tradiciones de Navalagamella y que ha sido en varias ocasiones bailarín y mayordomo, tuve el privilegio de acompañarles en la mañana del día dos de enero y de contemplar una preciosa tradición que merece todos los reconocimientos. Agradezco enormemente su amabilidad e interés por haber puesto a mi disposición todos los medios para poder realizar este trabajo de campo, así como a Miguel Ángel, alcalde de Navalagamella y a Blanca, concejala de cultura, quienes me recibieron y mostraron las joyas que guarda este pueblo. Gracias también a Rubén que ha sido en varias ocasiones integrante de la fiesta y que también nos acompañó, así como a Ángel, gran conocedor de la tradición con el que he podido conversar. Y por supuesto gracias a los bailarines y mayordomos y a los músicos que muy gustosamente me permitieron acompañarles y se dejaron fotografiar cientos de veces. Muchas gracias a todos y enhorabuena por el trabajo que realizáis para que esta tradición perviva y no caiga en el olvido.











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miércoles, 7 de diciembre de 2016

“LA CARIDAD DE CASTAÑAS” DE EL CARPIO DE TAJO

Entre las muchas tradiciones que conserva la localidad de El Carpio de Tajo, en la provincia de Toledo, se encuentra la fiesta de las castañas o de la “caridad de castañas. Una celebración que tiene su origen en el reparto de una caridad a base del fruto mencionado que siglos atrás hacía la Cofradía de la Inmaculada Concepción a los más necesitados del lugar.

Pasados los siglos, la tradición se mantiene muy viva por la alta participación de las niñas y niños carpeños que cada año en la víspera de la Inmaculada acuden hasta la iglesia parroquial a recoger las castañas. El reparto de la caridad era y sigue siendo muy común en las cofradías, y supone una manera de ayudar al más desfavorecido. Por norma general la caridad suele ser un panecillo, una torta, un trozo de pan con queso… Encontramos en Carpio esta tan peculiar consistente en castañas, algo que llama la atención, pues no es precisamente la comarca en la que se sitúa este pueblo territorio en el que predominen los castaños, más propios de lugares de sierra. Lo que nos da una idea de lo valiosa que era esta aportación en épocas pasadas por el hecho de ser un fruto que no se tenía al alcance de la mano ni del bolsillo a diario.

Cada 7 de diciembre por la tarde, las mujeres carpeñas acuden a la iglesia con cestos repletos de castañas que ofrecen a la Virgen -que se encuentra engalanada con flores en el altar mayor- y que posteriormente son bendecidas por el señor cura. Los más pequeños aguardan impacientes a las puertas del templo y preparados con sus bolsas o cestas para recogerlas. Las mujeres comienzan a arrojar las castañas en el interior de la iglesia, pero es en la calle donde el ritual adquiere todo su protagonismo. Los más pequeños y también los mayores se afanan en recoger las castañas que las portadoras de los cestos tiran al suelo. Una fiesta en la que los niños son protagonistas al igual que en la fiesta de “las castañas de San Dieguito” de Novés, pueblo situado en la misma comarca.


Una vez que los niños y niñas han recogido el preciado fruto, las mujeres se dispersan por las calles de El Carpio para repartir las castañas entre sus vecinos y familiares, y entre quienes se cruzan a su paso. Me contaban que también los vecinos y los propietarios de los comercios abren sus puertas para que les arrojen un puñado de castañas, manteniendo la creencia de que habiendo cumplido con este ritual, no les faltará el sustento en todo el año. Manda la tradición que por cada castaña que se consuma se debe rezar una Salve, práctica estrechamente relacionada con la fiesta litúrgica que se celebra: la Purísima Concepción.





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domingo, 27 de noviembre de 2016

TRADICIONES GASTRONÓMICAS. EL "GUISO DE LAS BODAS DE CAMACHO" DE ALCÁZAR DE SAN JUAN


Cada año a finales del mes de noviembre, la localidad ciudadrealeña de Alcázar de San Juan, el "Corazón de La Mancha", viene celebrando desde hace más de una década una importante fiesta gastronómica basada en el pasaje del Quijote en el que se narran las Bodas del rico Camacho y la bella Quiteria.

Una iniciativa turística bien consolidada que edición tras edición sigue congregando a un numeroso público que acude hasta la localidad manchega para disfrutar de su exquisita gastronomía. En estas jornadas el plato estrella es el tradicional guiso que decenas de establecimientos preparan basándose en lo que narra la universal novela de Miguel de Cervantes en el capítulo XX de la segunda parte:

"Lo primero que se le ofreció a la vista de Sancho fue, espetado en un asador de un olmo entero, un entero novillo; y en el fuego donde se había de asar ardía un mediano monte de leña, y seis ollas que alrededor de la hoguera estaban no se habían hecho en la común turquesa de las demás ollas, porque eran seis medias tinajas, que cada una cabía un rastro de carne: así embebían y encerraban en sí carneros enteros, sin echarse de ver, como si fueran palominos; las liebres ya sin pellejo y las gallinas sin pluma que estaban colgadas por los árboles para sepultarlas en las ollas no tenían número; los pájaros y caza de diversos géneros eran infinitos, colgados de los árboles para que el aire los enfriase.

Contó Sancho más de sesenta zaques de más de a dos arrobas cada uno, y todos llenos, según después pareció, de generosos vinos; así había rimeros de pan blanquísimo como los suele haber de montones de trigo en las eras; los quesos, puestos como ladrillos enrejadosXII, formaban una muralla, y dos calderas de aceite mayores que las de un tinte servían de freír cosas de masa, que con dos valientes palas las sacaban fritas y las zabullían en otra caldera de preparada miel que allí junto estaba.

Los cocineros y cocineras pasaban de cincuenta, todos limpios, todos diligentes y todos contentos. En el dilatado vientre del novillo estaban doce tiernos y pequeños lechones que, cosidos por encima, servían de darle sabor y enternecerle. Las especias de diversas suertes no parecía haberlas comprado por libras, sino por arrobas, y todas estaban de manifiesto en una grande arca. Finalmente, el aparato de la boda era rústico, pero tan abundante, que podía sustentar a un ejército.



Todo lo miraba Sancho Panza, y todo lo contemplaba y de todo se aficionaba. Primero le cautivaron y rindieron el deseo las ollas, de quien él tomara de bonísima gana un mediano puchero; luego le aficionaron la voluntad los zaques, y últimamente las frutas de sartén, si es que se podían llamar sartenes las tan orondas calderas; y así, sin poderlo sufrir ni ser en su mano hacer otra cosa, se llegó a uno de los solícitos cocineros, y con corteses y hambrientas razones le rogó le dejase mojar un mendrugo de pan en una de aquellas ollas. A lo que el cocinero respondió:

—Hermano, este día no es de aquellos sobre quien tiene juridición la hambre, merced al rico Camacho. Apeaos y mirad si hay por ahí un cucharón, y espumad una gallina o dos, y buen provecho os hagan.


—No veo ninguno —respondió Sancho.



—Esperad —dijo el cocinero—. ¡Pecador de mí, y qué melindroso y para poco debéis de ser!"


Los platos que componen el menú de estas conocidas jornadas gastronómicas de Alcázar de San Juan (este año en su XII edición) incluyen queso manchego, lomo de orza, chorizo, el tradicional "guiso de bodas" a base de albóndigas y carne de gallina en salsa, y en los postres la deliciosa bizcochá manchega y los mantecados manchegos acompañados por la típica mistela. Sin duda, un verdadero festín que recupera tradiciones manchegas, en este caso la tradición culinaria tan rica y variada de esta Región y Comarca, al mismo tiempo que promociona la Tierra del Quijote en el "Corazón de La Mancha".

Y por supuesto nadie se puede ir de Alcázar de San Juan sin visitar su rico patrimonio distribuido en un amplio abanico de museos, iglesias, conventos, y lugares cervantinos que dan fama a este lugar, como también lo hacen las interesantes tradiciones que se suceden a lo largo del año, como son su Carnaval declarado de Interés Turístico Regional, único por la fecha en que se celebra -finales de diciembre-, o las Fiestas de Moros y Cristianos en junio.

*Fuente consultada para incluir el fragmento de Don Quijote de La Mancha: Centro Virtual Cervantes-Instituto Cervantes. www.cvc.cervantes.es


Molinos de Alcázar de San Juan
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domingo, 18 de septiembre de 2016

EL BOTARGA DE BELEÑA DE SORBE (GUADALAJARA)


Muchos son los pueblos de la provincia de Guadalajara que cuentan en sus celebraciones festivas con la presencia de “el botarga” o “la botarga”. Una figura enigmática que según el momento de su aparición representa el bien o el mal y que siempre viene asociado a ritos de invierno. Por lo general, lo encontramos ataviado con un atuendo arlequinado, portando careta demoníaca, cachiporra y campanillas o cencerros que advierten de su presencia y además ahuyentan los malos espíritus de la comunidad.

La pequeña localidad de Beleña de Sorbe, cercana a Cogolludo, revive cada año esta ancestral tradición con motivo de las fiestas de las Candelas en el mes de febrero. Este año tuve la oportunidad de conocer esta fiesta junto a sus protagonistas, y ellos fueron quienes me aportaron curiosos datos de la evolución de la misma para poderlo plasmar en este artículo. El botarga de Beleña a lo largo de los años ha conseguido mantenerse como seña de identidad a pesar de los altibajos que ha sufrido la tradición. Me comentaban que cuando comenzó la despoblación del lugar en torno a los años setenta del siglo pasado, la celebración se perdió durante algunos años estando a punto de desaparecer. Más adelante se consiguió recuperar en las fiestas de agosto y ya en los años noventa el tesón de los vecinos consiguió que la salida del botarga volviera a su fecha tradicional en el mes de febrero, incorporando además la presencia de otro botarga más. En el momento actual la tradición está viviendo un buen momento y se mantiene cada año con la aparición de los dos botargas, algo que ya ha quedado como algo habitual en las fiestas de las Candelas.

La figura del botarga en Beleña es respetada y querida por todos, más aún en la actualidad puesto que supone un gran esfuerzo por mantener viva la fiesta. Los llamativos atuendos arlequinados de estos dos personajes están confeccionados a base de piezas de tela de color rojo y verde. En el tiro del pantalón llevan cosida una bola de tela que se denomina “higa” y que antaño iba toda cubierta de alfileres para que los muchachos se pincharan al intentar tocarla o arrancarla. A la cintura llevan una correa de cuero de la que cuelgan campanillas que en todo momento hacen sonar cuando salen a las calles de Beleña. Quizá los elementos más característicos a la vez que enigmáticos sean la careta, la cachiporra, las castañuelas y la naranja. Actualmente se conservan dos caretas, una más antigua y otra nueva que un vecino realizó hace unos años. Son de madera y poseen bigotes de cerdas, unos terroríficos dientes, nariz pronunciada y grandes ojos que las confieren un aspecto misterioso y demoníaco. Las castañuelas de gran tamaño son también de madera y con ellas recogen los donativos que los vecinos les entregan. Las cachiporras, rematadas por una cabeza con aspecto humano, las emplean para golpear a los vecinos de Beleña, práctica que puede considerarse como rito propiciatorio de buena suerte, o si es a una mujer, rito relacionado con fertilidad. Y es que llama la atención que ambas, en la parte posterior del mango adquieren aspecto fálico, lo cual podría hacer referencia a ese carácter fertilizador al que aludo. La presencia de la naranja tampoco es casualidad, pues estamos ante un fruto con importantes connotaciones que simboliza la fertilidad. Por un lado puede referirse a la fertilidad de la mujer que el botarga propicia cuando la ofrece a las féminas para que la huelan, y por otro a la fertilidad de los campos aludiendo a la proximidad de la primavera, al despertar de la naturaleza.

Actualmente la fiesta se celebra el fin de semana más cercano al dos de febrero, día en que se festeja a la Virgen de las Candelas. La aparición de los botargas tiene lugar en la mañana del sábado, acompañados por otra importante figura que es la del “mayordomo”. Éste último me contaban que antiguamente era un cargo al que se accedía por ofrecimiento o en cumplimiento de una promesa, o que incluso eran parejas que se habían casado en el último año. En la actualidad lo encarna un vecino que se ofrece para dar continuidad a la tradición y para acompañar a los botargas en su recorrido por el pueblo. El mayordomo lleva al hombro unas alforjas de tela donde va depositando las donativos que los botargas recogen en la cuestación que hacen por todas las casas del pueblo. En esas primeras horas el papel de los enmascarados es el de despertar a sus vecinos y pedirles dinero. Nadie conoce su identidad hasta el momento en que llegan a la puerta de la iglesia para entrar a misa y se descubren. El sonido de las campanillas anuncia su llegada y en muchas ocasiones en las casas en las que hay mozas durmiendo, entran para despertarlas y hacerlas bromas. A media mañana las campanas de la iglesia de San Miguel anuncian la hora de misa y los botargas en el atrio del templo se descubren el rostro y dejan en la puerta caretas, campanillas, cachiporras y castañuelas, y acceden al interior permaneciendo en la parte de atrás junto a la puerta. Tras la misa llega la procesión con la imagen de la Virgen que porta una vela, y a la que acompañan los botargas. Al finalizar se puja por los brazos de las andas y se introduce la imagen de nuevo en la iglesia. A la salida los botargas esperan en la puerta y ofrecen a besar un crucifijo a todos los fieles que salen, y que deben depositar limosna en un cestillo que uno de ellos sujeta. Podríamos decir que en estas partes de la fiesta en que participan de la celebración religiosa, adquieren un carácter bondadoso.


Es muy enriquecedor conocer directamente a los protagonistas de las tradiciones. En la mayoría de mis salidas procuro entrevistarme con ellos, pues son quienes mejor pueden expresar el sentir y las vivencias que regala el hecho de participar en la fiesta. En Beleña tuve la suerte de hacer el recorrido íntegro junto a los botargas y el mayordomo, y en el momento de su descanso en casa de éste último, fue un placer para mí poder escucharles hablar de la tradición del botarga y observar el deseo de que no desparezca. En esta ocasión los botargas eran dos chicos jóvenes, Daniel Domingo del Val y Álvaro Gómez Viana, y el mayordomo Demetrio, un vecino amante de las tradiciones de su pueblo que este año había accedido al cargo para mantener viva esta fiesta y poner su granito de arena para que no desaparezca. Desde estas líneas doy las gracias a cada uno de ellos por su acogida y amabilidad y por haberme permitido vivir una fiesta que llevaba muchos años queriendo conocer y que para nada me dejó indiferente.

Los botargas corren detrás de sus vecinos

Haciendo cuestación por las casas

Una de las caretas del botarga

La otra máscara

A la espera de la misa

El botarga y sus preseas

La cachiporra, las castañuelas y la naranja

Los botargas piden limosna a la salida de la iglesia

La Virgen de las Candelas en procesión

*Todos los textos, así como las fotografías y archivos de vídeo, son propiedad del autor.