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domingo, 19 de enero de 2014

“LOS PERROS DE SAN SEBASTIÁN” DE SANTA ANA DE PUSA

Cada domingo más próximo a la fiesta de San Sebastián, el pueblo de Santa Ana de Pusa en la provincia de Toledo, celebra una de sus más antiguas tradiciones. Se trata de la fiesta de “Los Perros de San Sebastián”, en la que se aúnan ritos de paso y ritos relacionados con la fertilidad de la mujer, todos en torno a la figura del mártir San Sebastián, con el que están íntimamente relacionados estos perros. Se trata de una fiesta sencilla, cargada de siglos de historia, en la que los protagonistas son los “perros”. Los personajes que componen el conjunto son: los perros, la vaca y la hilandera.

Dejando a un lado el probable origen pagano de estos personajes, que bien encajarían en la celebración de las Kalendae romanas, la figura de estos animales hace referencia a los perros que según la tradición, lamieron las heridas a San Sebastián para curarle tras haber sido asaeteado. Representaría por otro lado la presencia de los amigos del santo que le socorrieron en tan complicado trance. Vemos por tanto que se trata de unos personajes que encarnan la bondad, al contrario que los morraches de la cercana Malpica de Tajo, que hacen referencia a los amigos del santo que le condujeron al martirio. Por otro lado encontramos la figura de la “hilandera”, presente también en las Kalendae donde los hombres se disfrazaban de mujeres, que en su versión cristiana se refiere a Irene, la piadosa mujer que acogió a San Sebastián en su casa para curarle las heridas provocadas por las saetas, y que además en esta fiesta aporta un toque alegre y divertido. La “vaca”, tan presente en otras muchas festividades de esta índole,  haría referencia al culto a los animales en épocas pasadas, o incluso a las ya citadas kalendae romanas de enero, en las que los hombres salían disfrazados con pieles de animales y cuernos, burlándose y arremetiendo contra las mujeres. Como vemos, con esta fiesta puede ocurrir como con otras similares que se celebran en el ciclo de invierno, que tuvieron un origen pagano y acabaron sufriendo un sincretismo con la llegada del cristianismo, adaptándose a las fiestas de los santos de invierno, también conocidos como “santos viejos” o “santos frioleros”. Fueron tan importantes para la comunidad estas celebraciones, que no se consiguió acabar con ellas, perviviendo unidas al cristianismo que les confirió un nuevo sentido como acabamos de ver.

Los atuendos de los perros se componen de pieles de cabra que cubren el cuerpo de los mozos por delante y por detrás, así como la cabeza. Van atadas con cuerdas a la cintura, y por la parte trasera llevan colgando un cencerro que advierte de su presencia en el pueblo y que también podría hacer referencia a la expulsión de los malos espíritus. Se tiznan las caras de negro y llevan botas de vino llenas de agua para “mear” a las mozas. El atuendo de la vaca es el mismo que el de los perros pero se diferencia porque lleva además unos cuernos sobre la cabeza. El traje de la hilandera se compone de refajo, blusa, mandil, medias y alpargatas, y porta una cesta en la que va echando todo tipo de productos que recoge por las casas.

Decía al principio que esta fiesta reúne diferentes ritos que tienen su explicación. Por una parte se trata de un “rito de paso”, pues los protagonistas son los “quintos”, los que hasta hace varias décadas iban a marcharse al servicio militar. En la actualidad al no existir la mili, son los jóvenes que han alcanzado la mayoría de edad quienes encarnan estos personajes. Se trata de un rito en el que los jóvenes pasan a ser considerados adultos dentro de su comunidad, sería la línea divisoria entre dos grupos de edad. Por otro lado, y aunque sólo parezca un aspecto que aporta tintes divertidos y de broma, esta fiesta es todo un “rito de llamada a la fertilidad”. Los perros con sus botas de vino cargadas de agua “mean” a las mozas solteras del pueblo, acto que se relaciona con la fertilidad de la mujer, y que se realiza para que ésta sea fecunda en el momento de contraer matrimonio. También encontramos en esta fiesta la “inversión de papeles” al igual que en muchas otras, aspecto que aporta la hilandera, que se trata de un varón disfrazado de mujer. Estaría íntimamente relacionada esta figura con fiestas de tinte carnavalesco en las que se persigue la burla mediante esa inversión de papeles, donde los hombres se visten de mujeres y viceversa.

La fiesta se celebra el sábado y domingo más próximos al 20 de enero. El sábado de madrugada, los mozos se visten con los atuendos propios de la fiesta y comienzan a visitar las casas del pueblo para intimidar a las mozas con las “meadas”, y para que la hilandera haga acopio de todo tipo de productos que roba y guarda en su cesta, aportando así a la fiesta un toque picaresco. Las muchachas jóvenes temen la llegada de los perros que las empapan de agua, buscándolas por toda la casa si fuera preciso. El domingo por la mañana, antes de la misa, los perros siguen persiguiendo a las jóvenes por todas las calles del municipio haciendo sonar los cencerros. La fuente de la plaza les surte del agua necesaria para llevar a cabo su cometido. Las chicas corren despavoridas intentando huir de los perros, pero estos siempre consiguen alcanzarlas para darlas un buen remojón. A media mañana tiene lugar la celebración de la misa a la que asisten los perros y las “quintas”. Terminada la eucaristía tiene lugar la procesión con la imagen de San Sebastián que es portada por ellos. El santo va ornamentado con una rama de olivo que hace referencia al árbol en que San Sebastián fue martirizado, y que en otros sitios se trata de un naranjo, un laurel, un pino o incluso un madroño. De esta rama penden mandarinas, rosquillas, bombones y caramelos. La procesión da la vuelta a la iglesia y la plaza, y al llegar a las puertas del templo, se quita la rama del santo cuajada de presentes, y los devotos hacen todo lo posible por conseguirlos y por coger un trozo de la rama que guardan en sus casas. Finalizados los actos religiosos, los “perros de San Sebastián” siguen haciendo de las suyas en la plaza, “meando” sin cesar a las chicas que incluso acaban metidas dentro de la fuente.

Y como en cualquier celebración que se precie, no podían faltar los dulces típicos. Es tradición en esta fiesta que las madres de los quintos elaboren el tradicional “hornazo” que se ofrece al santo. Se trata de una rosca recubierta de motivos decorativos realizados con clara de huevo, y decorada con dulces.
El tradicional "Hornazo"

Imagen de San Sebastián

Los perros portan la imagen del santo

Los perros llenan sus botas con el agua de la fuente

"Meando" a las mozas

Los perros echan a las mozas a la fuente
 
*Todos los textos, así como las fotografías y los archivos de vídeo son propiedad del autor.

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