Bienvenidos a OBJETIVO TRADICIÓN, un proyecto que se basa en el estudio y la divulgación del rico patrimonio cultural inmaterial que posee España. Te invitamos a conocerlo a través de los ritos, costumbres, fiestas, tradiciones, folklore... que traemos hasta este espacio. ¡Gracias por tu visita!

domingo, 3 de febrero de 2019

LA BOTARGA Y EL BUFÓN DE PALACIO DE MOHERNANDO (GUADALAJARA)



El invierno en la provincia de Guadalajara viene cargado de antiguos ritos que, a pesar del paso de los siglos y del devenir del tiempo, no mueren. Gracias al empeño de las gentes de estas tierras perduran y, cada año, reviven tradiciones ancestrales que han ido pasando de generación en generación.

Es el caso de Mohernando, un coqueto lugar, testigo de los avatares de la historia que lo hicieron florecer en tiempos de Felipe II, con la presencia de su primer señor D. Francisco de Eraso, secretario del rey, que mandó construir un imponente enterramiento en la iglesia parroquial donde reposan sus restos y los de su esposa.

Por San Sebastián, el domingo más cercano, este pequeño pueblo celebra su fiesta. Los protagonistas principales son dos personajes enmascarados que salen a las calles y que hacen cuestación entre sus vecinos. Se trata de la Botarga y el Bufón de Palacio, curiosa pareja y única en toda la provincia. Es este último el que aporta el toque especial a la fiesta, pues este personaje sólo lo encontramos en Mohernando y sus orígenes se remontan al siglo XVI. Está estrechamente relacionado con la presencia de D. Francisco de Eraso y su esposa Dña. Mariana de Peralta en el lugar. Según la tradición, habría sido ella la que habría creado este personaje para ridiculizar a su marido ante unos rumores de infidelidad hacia ella, desempeñando el papel algún sirviente suyo. Desde este momento lo encontramos asociado a la botarga, a buen seguro anterior al bufón y muy probablemente protagonista de antiguos ritos de llamada a la fertilidad, al igual que el resto de botargas de la provincia.

Los dos personajes visten ropajes de colores muy vistosos, y portan la tradicional careta o máscara. La botarga lleva pantalón y chaqueta de color verde, azul, rojo y rosa, alternados con ribetes calados y formas geométricas de color negro. Lleva capucha de los mismos tonos rematada con varias cintas de colores, y la careta demoníaca de color blanco con toques de color, con gran nariz, dientes y lengua fuera. Lleva un cinto del que cuelgan campanillas, un pequeño saco de cuero y un cuerno; además porta en su mano una especie de cucharón de madera con el que recoge las limosnas que le entregan. El bufón de palacio lleva traje arlequinado de varios colores, compuesto por chaqueta, pantalón y gorro rematado por dos cascabeles. Presenta los atributos masculinos cosidos al pantalón, posiblemente en sus orígenes para hacer más visible la burla hacia D. Francisco de Eraso. Lleva careta burlesca que cubre la mitad del rostro (una especie de antifaz), y atada a la cintura y cruzando el pecho una curiosa correa. En sus manos porta un palo del que pende un saco de tela atado con una cuerda con el que golpea. Ambos personajes llevan cubiertos los zapatos con trozos de arpillera.

La mañana de la fiesta salen antes de la misa en honor a San Sebastián y posteriormente acompañan al santo en la procesión. Tras los actos religiosos corren detrás de la chiquillería por la plaza y alrededores y gastan bromas a los presentes. Otra parte destacada de la fiesta es el tradicional reparto de la “caridad”, consistente en panecillos con anises y queso, que se entrega a los asistentes, algo muy habitual en este tipo de fiestas fruto, en la mayoría de los casos, de un voto hecho al santo o santa en cuestión.

En mi visita a Mohernando tuve el inmenso placer de coincidir con el cura D. Marcelino, el alcalde D. Sebastián, y con José Luís, otro enamorado del turismo y las tradiciones, y autor del blog “Viaja con José Luís”. Los dos primeros nos recibieron muy amablemente y nos estuvieron aportando datos sobre la historia y tradiciones de este acogedor lugar de la provincia de Guadalajara. Desde aquí mi más sincero agradecimiento.

FUENTE CONSULTADA: López de los Mozos, José Ramón, Fiestas tradicionales de Guadalajara. Aache, Guadalajara, 2000.

*Todos los textos y las imágenes son propiedad del autor de este blog.







sábado, 19 de enero de 2019

LA BOTARGA Y LOS DANZANTES DE VALDENUÑO FERNÁNDEZ (GUADALAJARA)


En la Campiña Baja de Guadalajara se encuentra Valdenuño Fernández, un pequeño y acogedor pueblo que custodia con orgullo una antigua tradición que pierde sus orígenes en la noche de los tiempos. Cada mes de enero, el domingo después de Reyes -que a su vez coincide con la fiesta litúrgica del Bautismo del Señor-, la botarga y los danzantes toman sus calles para seguir sumando años e historia a esta festividad que ya cuenta con la declaración de "Fiesta de Interés Turístico Regional". La dedican al Santo Niño Perdido, imagen devocional que custodian en su bella iglesia parroquial, y los protagonistas son la botarga y los danzantes que, acompañados de un tamborilero, recorren las calles del pueblo durante toda la jornada como veremos más adelante. 

La botarga viste pantalón y chaqueta confeccionados a base de retales de telas de vistosos colores; lleva albarcas en sus pies, correa con campanillas a la cintura, un gorro de lana de diferentes colores rematado con un borlón, y una careta o máscara que utiliza en algunos momentos de la fiesta. Lleva además unas grandes castañuelas de color rojo con las que golpea a vecinos y visitantes, así como una porra o cachiporra. Representa el mal y "lucha" contra el bien que está representado por los ocho danzantes. Este aspecto queda perfectamente reflejado en diferentes momentos de la fiesta en que la botarga entra en acción: durante la misa importunando a quienes con devoción acuden a besar el portapaz, lanzando las monedas recogidas en la colecta al suelo, durante la procesión cuando se tumba en el suelo para que la imagen del Santo Niño Perdido pase sobre él...

Los ocho danzantes y el tamborilero visten pantalón de pana y chaleco negros, camisa y medias blancas, faja roja y alpargatas de esparto atadas con cintas a las piernas. El chaleco en su parte posterior lleva bordadas unas hojas a cada lado. Portan largos palos de madera pintados de rojo, que emplean para las danzas de paloteo que interpretan, y que llevan sujetos a las muñecas con unas cintas del mismo color. Van acompañados por un tamborilero que marca el ritmo de la danza junto a la botarga que también golpea las castañuelas y la cachiporra con el mismo fin. Otros dos mozos les acompañan portando los palos de repuesto y la bolsa en la que por la mañana recogen los donativos.

La fiesta comienza en las primeras horas del domingo. La botarga y los danzantes recorren las casas del pueblo haciendo cuestación para sufragar los gastos de la celebración. Sus vecinos les reciben con mucho agrado y les agasajan con dulces, licores y otras viandas a cambio de los tradicionales paloteos que interpretan a los sones del tambor. Unas danzas muy curiosas y llamativas que se diferencian de otras que tienen lugar en otros puntos por el hecho de no llevar más acompañamiento musical que un tambor. A menudo la música que acompaña a esas otras danzas se interpreta con dulzaina y redoblante, instrumentos de cuerda y percusión, y otros de viento. Esta peculiaridad y la destreza y fuerza con que los danzantes las ejecutan, hacen que adquieran un marcado carácter guerrero que nos hace pensar en varias hipótesis para interpretar su origen.

A media mañana tiene lugar la misa y los danzantes al término de la misma vuelven a danzar en el interior del templo y en la plaza de la iglesia. Resulta curioso observar como el suelo se llena de astillas y trozos de palo pintado de rojo, fruto de la fuerza con que los danzantes entrechocan sus palos a la hora de ejecutar las diferentes danzas, haciendo que a menudo se rompan. A medio día se retiran juntos a comer acompañados por las autoridades, y ya por la tarde, tiene lugar la procesión del Santo Niño. Ésta transcurre por la calle principal del pueblo y, en diferentes puntos, la botarga se tumba en el suelo para que la imagen del Niño Perdido pase sobre ella; una muestra clarísima de esa lucha del bien contra el mal a la que hacíamos referencia anteriormente. En la mitad de la procesión los danzantes ofrecen danzas de paloteo ante el Santo Niño, para acto seguido volver a la iglesia. De nuevo allí interpretan toda la muestra de danzas en el altar mayor. En primer lugar sale la botarga de la sacristía y hace tres genuflexiones ante la imagen del Niño Perdido, acto seguido sale el tamborilero que se sitúa en el centro detrás de la mesa del altar, y finalmente los danzantes que tras arrodillarse se dividen en dos grupos de cuatro. La botarga se encarga de darles las órdenes oportunas para que comiencen la danza, y les marca el ritmo con la castañuela y la cachiporra. Los últimos paloteos los ejecutan bajo las gradas del altar, y vuelven a la sacristía en el orden en que hicieron su aparición.

La fiesta termina en la plaza de la iglesia con la guerra de naranjas. Los danzantes desde un extremo de la misma lanzan estos frutos a la botarga que intenta defenderse parando los golpes con la cachiporra. Desde el otro extremo los más pequeños se afanan en coger las naranjas para lanzárselas también a la botarga. Al mismo tiempo ésta persigue a las chicas para mancharlas, llegando incluso a exprimirlas el zumo en el pelo. Podemos estar perfectamente ante un claro rito de propiciación de fertilidad, como ya hemos visto en otras botargas y mascaradas que se suceden en invierno a lo largo de la Península, en las que las naranjas adquieren este sentido.

FUENTE CONSULTADA: López de los Mozos, José Ramón, Fiestas tradicionales de Guadalajara. Aache, Guadalajara, 2000.

*Todos los textos y las imágenes son propiedad del autor de este blog.















sábado, 12 de enero de 2019

LA ROMERÍA DE LAS NIEVES EN LAS MACHORRAS (BURGOS). EL "BOBO" Y LOS DANZANTES


Las Machorras es una pedanía de la localidad burgalesa de Espinosa de los Monteros, limítrofe con Cantabria, y asentada en plenos valles pasiegos. Un lugar de una belleza paisajística que enamora, y que mantiene una tradición que cada 5 de agosto se perpetúa en la conocida Romería de las Nieves, a la que acuden gentes de todo el valle para venerar a esta Virgen a la que profesan gran devoción.

Cuando el visitante acude hasta este enclave, lo primero que divisa nada más cruzar el río Trueba es la "maya", un árbol de varios metros despojado de sus ramas y decorado con cintas de colores y la bandera nacional, que se coloca la víspera de la fiesta. Los alrededores del santuario se convierten en una feria repleta de puestos en los que se pueden adquirir y degustar los exquisitos manjares de esta tierra que tiene a la ganadería como su principal actividad económica. Sobaos pasiegos, quesadas, quesos, embutidos, artesanías realizadas con madera... Todo un abanico de productos que dan fama a estas tierras y que son un verdadero placer para los sentidos.

Esta Romería es una de las más conocidas y concurridas de la provincia de Burgos que congrega cada 5 de agosto a gran cantidad de romeros, atraídos por los interesantes ritos que la componen. Sin duda, los máximos protagonistas son los ocho niños danzantes, el Mayoral, el Rabadán y el Bobo que, a lo largo de toda la mañana, se encargan de poner la nota de color a esta preciosa fiesta. Los ocho danzantes llevan vistosos atuendos compuestos por camisa, enaguas, medias y zapatillas blancas, un mandil con una pequeña abertura en la parte superior, fajín de color rojo, banda amarilla que cruza el pecho, y dos lazos -uno amarillo y otro rojo- anudados en los brazos. Sobre la cabeza llevan una boina o txapela de color negro y portan castañuelas con las que marcan el ritmo de las danzas. El Mayoral y el Rabadán visten camisa y pantalón blanco, zapatillas del mismo color, fajín y banda rojas, y boina a juego. Ambos portan sendos bastones decorados con cintas y lazos de color verde y rojo, rematados con un penacho de flores de tela.

La fiesta comienza en las primeras horas de la mañana cuando los danzantes dirigidos por el Mayoral, el Rabadán y el Bobo, se dirigen a la entrada del pueblo para recibir a los visitantes. Allí ejecutan sus danzas al son de la dulzaina, el redoblante, el bombo y un pandero. Mientras tanto el Bobo se encarga de hacer cuestación entre quienes acuden a la Romería, no dejando acceder a nadie hasta que le hayan hecho entrega del correspondiente donativo. El Bobo es un personaje pintoresco que lleva un vistoso y colorido atuendo que se compone de camisa y pantalón bombacho de flores de colores, un par de medias de distinto color, alpargatas blancas y negras que se atan a las piernas con unas cintas de los mismos colores, y la capucha que se remata con una especie de gorro cónico, decorada con ribetes. Oculta su cara tras una máscara, y porta en sus manos una espada de madera y unas grandes tijeras rematadas con un par de cuernos de cabra con las que da el tradicional "abrazo" a los romeros. En su cintura lleva un cinturón del que cuelgan varios cencerros.

Cuando han llegado las autoridades, los danzantes ejecutan danzas de bienvenida para acto seguido dirigirse a la iglesia donde tiene lugar la celebración de la Misa. Terminada ésta, la imagen de la Virgen de las Nieves, acompañada por los danzantes, el Mayoral, el Rabadán y el Bobo, recorre las inmediaciones del santuario en procesión. El momento más esperado llega cuando, finalizada la celebración religiosa, los danzantes ofrecen sus danzas pasiegas en la plaza y recitan los tradicionales versos en los que hablan de los acontecimientos relevantes que han tenido lugar en el pueblo a lo largo del año. El encargado de abrir el acto es el Mayoral, que recita varios versos dedicados a la Virgen de las Nieves y en los que habla de la tradición y la devoción hacia la sagrada imagen. En nuestra visita a esta fiesta tuvimos la oportunidad de presenciar de cerca este momento, y pudimos recoger algunos de esos versos que reproducimos a continuación:

Para empezar mi discurso
pido permiso al alcalde,
señores y autoridades,
y a todo el que aquí se halle.

Ante un público ilustrado
levanto mi débil voz,
suplicándoles que tengan
de mis voces compasión.

(...)

Con el transcurso del tiempo
desaparecen los seres,
y tú siempre estás igual
Virgen Santa de las Nieves.

El mayor de tus milagros
fue tu santa aparición
el día cinco de agosto
con un sol abrasador

Que dejaste las señales
en el Monte de Esquilino
dándole tu nombre a un templo
en memoria de tu Hijo.

De las orillas del Tíber
cruzando inmensas llanuras
viniste a fijar tu trono
en estas grandes alturas.

Desde Río Seco a Trueba
desde La Sía a Lunada
todos te llaman a ti
la Virgen de estas montañas (...).

Seguidamente, se alternan los versos que recitan los danzantes con la muestra de las diferentes danzas que ejecutan, como el "caracol" y el "ahorcado". Cuando toca el turno al Rabadán, al finalizar sus versos, corre tras el Bobo intentando golpearle. Termina el acto con la intervención de este último que, subido en un tronco y provisto de una gran tira de papel de varios metros, se encarga de recitar las "Noticias del pueblo" en tono humorístico. Ante las autoridades y el público asistente, va narrando los acontecimientos ocurridos a lo largo del año en el pueblo, por lo general en tono jocoso, que sacan las carcajadas de cuantos lo escuchan. La fiesta se prolonga durante el resto de la jornada y el día siguiente conocido como "Las Nieves Chiquitas".

FUENTE CONSULTADA: Valdivielso Arce, Jaime L., Romería al Santuario de la Virgen de las Nieves: sus danzas, sus personajes, en Las Machorras, tierra de Pasiegos (Burgos). Consultado el 12 de enero de 2019 en www.cervantesvirtual.com

*Los textos y las imágenes son propiedad del autor de este blog.

El Mayoral y el Rabadán

El Bobo

El Bobo con su máscara

Los Danzantes acceden al Santuario de las Nieves

El Bobo se sube al tronco

El Bobo recita las "Noticias del Pueblo"

viernes, 24 de agosto de 2018

LA SUBASTA DEL RAMO DE MARRUPE (TOLEDO)



Muchos son los pueblos que el 24 de agosto dedican sus fiestas a San Bartolomé Apóstol. Es el caso del pequeño pueblo de Marrupe, en la comarca de la Sierra de San Vicente, en la provincia de Toledo. Hasta allí acudí para conocer de cerca la tradición de la "Subasta del Ramo", una de sus mayores señas de identidad.

El papel protagonista lo ostentan los mayordomos y mayordomas, que son los encargados de la organización de las fiestas en honor al patrón de Marrupe y que son elegidos cada año. Ellos son quienes visten el ramo, que supone el elemento más característico de la fiesta. Se trata de una gran rama de árbol que se sustenta en unas andas o parihuelas de hierro y que se engalana a base de roscas de pan, ramos de albahaca, racimos de uvas, ciruelas, peras, manzanas, banderas, cintas y el tradicional plato de cerámica talaverana. El ramo preside la misa en honor a San Bartolomé, y a su término es sacado a la puerta de la iglesia donde tiene lugar la subasta.

Este es uno de los momentos más esperados. Uno de los mayordomos convoca a los asistentes con una campanilla y da comienzo la tradicional puja, que se caracteriza por hacerse como antaño, es decir, en celemines (antigua medida agraria). Me contaba Paco, uno de los mayordomos de este año, que antiguamente se pagaba la equivalencia de los celemines ofrecidos en el dinero correspondiente. Es en ese momento cuando salen electos los mayordomos para la fiesta del año siguiente, privilegio que recae en quien o quienes pujen la cantidad más elevada. 

Una vez rematada la subasta, se traslada el ramo a la puerta del ayuntamiento donde se reparten las roscas y los frutos entre los vecinos de Marrupe. Me decían que antes se repartían las roscas casa por casa, una por cabeza, pero desde hace algunos años se optó por repartirlas en la plaza, a las puertas de la casa consistorial.

Una tradición que se remonta a muchos siglos atrás y que podemos relacionar con un acto de agradecimiento a San Bartolomé por los frutos obtenidos y las cosechas abundantes. Podríamos incluso volver la mirada a tiempos más remotos, y pensar en la posibilidad de encontrarnos ante un antiguo rito agrario de origen pagano de agradecimiento a la tierra que, con la llegada del cristianismo, pudo experimentar el sincretismo que encontramos en otras muchas fiestas de rasgos similares.






*Todos los textos, así como las imágenes, son propiedad del autor.

LA BOTARGA DE ALEAS (GUADALAJARA)


El pequeño pueblecito de Aleas, pedanía de Cogolludo, en la provincia de Guadalajara, es un acogedor lugar donde apenas llegan a la decena los habitantes censados. Cada año en fechas cercanas a la festividad de San Roque revive una de sus tradiciones más arraigadas. Se trata de la aparición de la botarga, un personaje enmascarado que antes de la misa recorre las calles del pueblo para hacer cuestación entre sus vecinos y los visitantes, y que supone el elemento más característico de la fiesta.

La botarga de Aleas utiliza una vestimenta similar a la de otras botargas de la provincia. Viste pantalones y chaqueta de color verde, amarillo, rojo y azul. Lleva atada una cuerda a la cintura de la que cuelgan varias campanillas y en la mano una porra o cachiporra con la que golpea en la espalda, acto que podemos interpretar como propiciatorio de buenos augurios. Cubre su cabeza con una capucha rematada en cintas de colores y el rostro con la inigualable careta de madera de encina que, según me contaban mis informantes, la talló un señor después de la guerra y es la que se ha venido utilizando hasta la actualidad. Aleas es, por tanto, uno de los pocos lugares que conserva intacta la careta original y que aún la sigue usando. Otro elemento muy característico es la "higa", bola de trapo que se cose en el tiro del pantalón emulando los atributos de la botarga. En algunos lugares era costumbre poner alfileres en la higa para que la chiquillería se pinchase al intentar arrancarla.

En mi visita a Aleas tuve la gran oportunidad de compartir un agradable rato con sus amables y acogedoras gentes. Me comentaban que hasta hace décadas la botarga salía el tercer domingo de enero con motivo de la festividad del Santo Niño, y que además lo hacía acompañada de varios danzantes. El éxodo rural y la despoblación obligaron a los vecinos a cambiar la fecha de celebración al mes de agosto para así asegurar la pervivencia de la fiesta. Recordaban además que se elegía un mayordomo que era el encargado de la organización de la celebración y quien asignaba los papeles de botarga y danzantes.

A pesar de los pocos habitantes que quedan hoy en el pueblo, cada año en el mes de agosto vuelven quienes un día tuvieron que marcharse para celebrar la fiesta de San Roque. A media mañana la botarga hace su aparición y recorre las pocas casas del pueblo haciendo cuestación entre sus vecinos. También lo hace con cuantos se encuentra en la calle, y para ello rasca la espalda con la cachiporra hasta que consigue el donativo. La misa se celebra en la ermita de San Roque que en la actualidad hace las veces de templo parroquial, pues la primitiva iglesia se encuentra en ruinas desde que el pueblo fuera arrasado durante la Guerra Civil. La botarga se descubre el rostro cuando llega a la ermita y tras la misa es la encargada de dirigir las pujas o subasta por los brazos de las andas que portan la imagen de San Roque. La procesión recorre las calles del pueblo y una vez terminada, la botarga espera en el lugar donde los vecinos compartirán la comida festiva para continuar gastando bromas y pidiendo a quienes todavía no han hecho entrega del donativo.

De esta manera ha llegado hasta nuestros días esta antigua tradición que los más mayores recuerdan con nostalgia y que las nuevas generaciones se esfuerzan por mantener. Fue un placer poder compartir esta celebración con los vecinos de Aleas a los que desde estas líneas agradezco su acogida y amabilidad, de manera especial a Emilio Herrera, quien se vistió de botarga este año, a Santiago Esteban y al alcalde y concejal del ayuntamiento de Cogolludo. Muchísimas gracias a todos.





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