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miércoles, 30 de abril de 2014

LA ROMERÍA DE SAN MARCOS DE MÉNTRIDA: DANZANTES Y MAYORDOMÍA


Cada 25 de abril, la localidad toledana de Méntrida, famosa por sus vinos denominación de origen, celebra una ancestral tradición cargada de ritos, de signos y de verdadera devoción por parte de los mentridanos. Se trata de la romería de San Marcos, cuyo origen lo encontramos en el siglo XIII, a raíz de la milagrosa aparición de la Santísima Virgen en la dehesa de Berciana, cercana a la localidad. Aunque se conoce como romería de “San Marcos”, no es a este santo evangelista a quién se honra en este su día, sino a la Virgen de la Natividad, aparecida en Berciana al pastor Pablo Tardío un 25 de abril, y que desde entonces es Madre, Abogada y Reina de este lugar.
Cuenta la leyenda que Pablo Tardío apacentaba sus cabras allá por el siglo XIII en el lugar que se conoce como monte de Berciana o dehesa de Berciana. En el remanso de paz que se respiraba en aquellos bosques, el pastor se vio sorprendido por una presencia divina, era la mismísima Madre de Dios, que se le apareció para pedirle que corriese al pueblo a decir a sus paisanos que la construyeran una ermita donde se la venerara. Como ocurre con casi todos los pastores a los que se les aparece la Virgen, los mentridanos no creyeron a su vecino al que tomaron por loco. Desesperado, volvió hasta el lugar donde le había hablado la Madre de Dios –un tronco cortado de una encina-, y ante su desánimo, la Virgen le hizo entrega de una carta con la que sus vecinos le creerían. Justicia, clero y pueblo fueron hasta el lugar de Berciana, donde hallaron enterrada al pie del tronco de encina, la milagrosa efigie de la Virgen que, en adelante, pasaría a ser llamada de Berciana y más tarde de la Natividad. De esta manera arranca la más querida tradición del pueblo de Méntrida, una de las romerías más espectaculares de nuestro país, que supone una importante seña de identidad para los mentridanos que jamás han dejado de celebrar su fiesta a lo largo de todos estos siglos. Me cuenta una de mis informantes, amiga mía, que siempre ha oído decir a su padre que un año llovió tanto el día de San Marcos que el arroyo de Berciana se desbordó. Aún así, los mentridanos lograron cruzar a la Virgen, y a hombros también al señor cura, negándose a dejar de celebrar su más querida fiesta.
Las fiestas de la Virgen de la Natividad se prolongan durante cinco días, cargados de ritos y momentos que hacen única esta fiesta. El 23 de abril tiene lugar la “Alboreá” de los sargentos de la mayordomía de la Virgen, el 24 se conoce como “Día de la Víspera”, el 25 “San Marcos”, el 26 “San Marquitos”, y el 27 “San Marcazos”. En estos cinco días la presencia de los danzantes y los sargentos supondrá el punto álgido de las celebraciones, conocidas por las espectaculares y vistosas danzas, y por el “bandeo” de la bandera por parte del alférez abanderado.
El grupo de danzantes está compuesto por ocho niños que el año anterior han recibido la primera comunión. Visten camisa blanca con chorrera sobre la que prenden algún broche o pequeñas figuras de carácter vegetal; pololos, medias caladas, pajarita al cuello, y las originales enagua almidonadas que da gran vistosidad al atuendo. Además llevan sobre estas enaguas un mantón de color rojo (que en otros momentos de la fiesta es azul), con motivos florales bordados. Calzan zapatillas blancas, y llevan escarapelas en los codos y las rodillas, y una banda con los colores de la enseña nacional cruzada al pecho, que para el resto de los días de fiesta es azul. Se sirven de castañuelas y paloteas decoradas con borlas o madroños para ejecutar las distintas danzas, así como de una vara arqueada adornada con papelillos de colores. En la muestra que ofrecen en Berciana el día de San Marcos, concretamente en el momento de los dichos, los danzantes van tocados con un precioso gorro de tela adornado con flores y pequeñas medallas, que bien podría hacer alusión al resurgir de la naturaleza, empleando la danza como ritual de llamada a la primavera, a la fertilidad de los campos. El alcalde de la danza o maestro, viste pantalón blanco, y una camisa ceñida a la cintura con motivos florales en tonos rojos y rosas. Lleva escarapelas en las rodillas y en los codos, una pajarita roja al cuello, y calza zapatillas blancas. Sobre su cabeza lleva un elegante gorro de paja, decorado con florecillas, y del que penden cintas. Porta una larga vara decorada con papelillos de colores con la que va indicando los movimientos que han de ejecutar los danzantes.
Es una maravilla ver danzar a los niños, y el empeño del alcalde de la danza, que les va animando en todo momento. Son varias las danzas que ejecutan, con nombres diversos: habanera, valmojá, marcha real, medio baile, pinos, puentes, baile del cordón, diana, baile de procesión… Pero el momento de mayor vistosidad tiene lugar en la muestra de Berciana, donde frente al cuadro de la Virgen que sostiene el párroco, ejecutan una serie de danzas, entre las que destacan el cordón y los pinos por su gran vistosidad y por la destreza de los niños danzantes. Desde que la Virgen sale de la iglesia hasta que llega a la salida del pueblo, y desde que entra en Berciana hasta la ermita, los danzantes no cesan de bailar al son de la repetitiva y pegadiza melodía que interpretan la dulzaina y el tambor. Lo mismo ocurre por la tarde, a la vuelta de la romería, tanto en Berciana, como ya en el pueblo hasta que se recoge la Virgen en la iglesia parroquial. Antes de la muestra en la vega tiene lugar otro de los momentos más esperados por todos: los dichos. Primero los recita el alcalde de la danza y después los danzantes, y en ellos se narran acontecimientos que han tenido lugar a lo largo del año, y se muestra el gran amor y la devoción que Méntrida profesa a su patrona. En 2008, primera vez que acudí a la romería, el alcalde de la danza fue mi amigo Sergio Moral, y los dichos se los compuso su novia, mi amiga y entonces compañera de universidad Laura Mayoral. Reproduzco algunos de ellos que tan gustosamente me han facilitado:
Ya se aproxima la fecha
Ya llega el día más grande
Que toda Méntrida espera
Con ganas de celebrarle

Aquí estamos otro año
Junto a ti Madre, danzando
Y cumpliendo la promesa
Que el pueblo te hizo antaño

Yo este año de maestro
Te quiero ir acompañando
Con gozo y con alegría
Hasta tu ermita bailando

Y seguir la tradición
Que ya cumplen las familias
De juntarnos cada año
Todos en tu romería

Este es el último año
Que como maestro bailo
Pero prometo María
Que estaré siempre a tu lado

Si no es en tu Soldadesca
Tal vez sea en tu Hermandad
Pero no te quepa duda
Conmigo podrás contar

Pues la devoción que existe
Hacia tu imagen divina
Más se arraiga y se acrecienta
En tu pueblo cada día

Tu bendición hoy esperan
Y tus favores aguardan
Los que dicen aquí conmigo
¡viva nuestra Virgen guapa!
Los sargentos de la Mayordomía de la Virgen van vestidos al modo del siglo XVI, y su función es escoltar a la Patrona en sus salidas procesionales. Dentro de la mayordomía hay varios cargos: el capitán, el alférez abanderado, los mochilleres que son niños de corta edad, los sargentos y los que tocan las trompetas y los tambores. Estos cargos se eligen cada año, ofreciéndose muchas veces para desempeñarlos fruto de una promesa. Los sargentos, que además portan sables, toman su mayor protagonismo durante la Misa que se celebra en Berciana, donde entra en juego el marcado carácter militar de la soldadesca. Es muy curiosa la forma en que realizan la colecta, depositándola en un pañuelo que al finalizar la recogida del dinero se anuda por sus cuatro picos. Quizá lo más representativo de los sargentos sea el momento en que el alférez abanderado bandea la bandera ante la Virgen. La Bandera, de grandes dimensiones y de colores variados, lleva en el centro el anagrama de María, y es tremolada con gran destreza por parte del abanderado, que ejecuta una serie de complicados y vistosos movimientos.
La noche del 23 de abril tiene lugar la “Alboreá”, acto en el que los sargentos recorren las calles haciendo sonar las trompetas y los tambores, haciendo el toque de alborada o alboreá, para anunciar la fiesta. El 24 la Virgen es trasladada desde su ermita de Méntrida hasta la parroquia. El 25, día grande de las fiestas, a las ocho de la mañana, la Virgen de la Natividad sale de la iglesia para dirigirse a Berciana. A la salida, los danzantes interpretan la danza a los sones de la marcha real, y los sargentos hacen su toque característico. Marcha la procesión por diversas calles de Méntrida que los vecinos han engalanado muy cuidadosamente esperando el paso de la Virgen. Juncias, tomillo, romero… alfombran las calles, y componen los vistosos arcos que se levantan en determinados puntos. Se cuelgan banderas de tela, las ventanas y balcones se engalanan para recibir a la Reina de Méntrida. Dentro del pueblo aún, en la plaza Chica,  el alférez abanderado bandea delante de la Virgen y los danzantes ejecutan una de sus danzas. Ya en la salida del pueblo, de nuevo la procesión se detiene, y vuelven a entrar en escena sargentos y danzantes. La imagen de la Virgen se vuelve mirando a Méntrida para despedirse de quienes no podrán acompañarla en su romería, y para bendecir a su pueblo que por unas horas se queda sin la presencia física de su patrona. En este punto los romeros se dirigen hacia Berciana, parando ya en la dehesa ante una encina, donde el señor cura bendice los campos. Al llegar al puente que cruza sobre el arroyo de Berciana y que ya está próximo a la ermita, se vuelve a cumplir el rito que sargentos y danzantes han llevado a cabo en las paradas anteriores. Los danzantes reanudan la danza y la Virgen es llevada hasta la pequeña ermita que se construyó con motivo de su aparición, y a la que sólo va cada 25 de abril. Una vez allí se celebra la santa misa, para posteriormente repartir la “caridad”, consistente en un panecillo que lleva grabada la imagen de la Virgen. Posteriormente tiene lugar la muestra de sargentos y danzantes en la vega de Berciana, y la comida que los mentridanos comparten en familia en los denominados ranchos, que cada grupo ha reservado desde tempranas horas de la mañana. A las siete de la tarde, la Virgen vuelve al pueblo de la misma forma y con el mismo ceremonial que hizo por la mañana. Se detiene ante la cruz de Silva, lugar donde el demonio salió al encuentro de Pablo Tardío al regreso de Berciana para dar cuenta de la aparición. Al llegar al cementerio se hace otra parada y se reza un responso por los difuntos. En la calle Larga, junto a la Cruz de Gabriel Rodríguez, esperan a la Virgen las imágenes del Resucitado, San Juan Bautista, San Ildefonso, San Isidro, San Marcos, y la del Patrón San Sebastián, que la acompañarán hasta la iglesia. El pueblo se agolpa en este lugar esperando la llegada de la patrona. Ante ella los danzantes y los sargentos ejecutan las típicas danzas y el bandeo, para posteriormente dirigirse la comitiva hasta la iglesia. Cuando los danzantes hacen su llegada, danzan sin parar, entrando y saliendo de la iglesia repetidas veces, ante la expectación y emoción de mentridanos y visitantes. Mientras tanto, en el exterior del templo, tiene lugar la puja por los brazos de la carroza que transporta la Virgen, por los que los devotos pagan altas cantidades de dinero. Finalizada la puja, los danzantes dejan de danzar, y la imagen de la Virgen hace su entrada entre los aplausos y los vítores de los devotos. Se entona el himno y se da por concluida un año más la secular tradición.
Los días sucesivos, el pueblo de Méntrida seguirá agasajando a su patrona. El 26, día de “San Marquitos”, tiene lugar el traslado de la Natividad hasta su ermita que se encuentra dentro de la localidad. El 27, día de “San Marcazos”, se celebra la misa de los sargentos. Todo aquel que ha sido abanderado en años anteriores, bandea la bandera después de misa en el recinto de la ermita.
De esta manera Méntrida, pueblo entregado en cuerpo y alma a su Patrona, cumple con una tradición que con una sola vez que se tome parte de ella, engancha hasta tal punto de intentar acudir en años sucesivos. Así fue mi caso, que invitado por vez primera quedé tan maravillado por tan sorprendente manojo de ritos que componen la fiesta, que siempre que puedo acudo a cumplir la tradición junto a los mentridanos, especialmente junto a mis amigos, a los que desde estas líneas agradezco sus explicaciones durante todos estos años, sus aportaciones, y sobre todo el poder vivir la fiesta junto a ellos a pie de calle, siendo partícipe de sus emociones. Agradezco a Nati Simal, Laura Mayoral y Sergio Moral, por haber sido durante estos años la mejor muestra del sentir la romería de Méntrida desde lo más hondo.

Con las Paloteas en la Marcha Real

Detalle del sombrero del Alcalde de la Danza

Los Danzantes llegando a la Plaza Chica
Las calles se engalanan para recibir a la Natividad

Bajo el arco de la Calle Larga

Llegada al arroyo de Berciana

Ejecutando el Baile del Cordón en la Muestra de la Vega

El Maestro y los Danzantes dejan la ermita de Berciana
 
*Todos los textos, así como las imágenes y los archivos de vídeo son propiedad del autor.

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