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domingo, 25 de octubre de 2015

LA FIESTA DE SAN ANTONIO “DE LOS TOLEDANOS” DE EL TIEMBLO


La localidad abulense de El Tiemblo, que limita con las provincias de Madrid y Toledo, guarda con celo en la ermita de finales del siglo XVIII que se levanta en el corazón del pueblo, una imagen de San Antonio de Padua a la que a lo largo de los siglos han acudido miles de devotos en busca de algún milagro.

Desde tiempo inmemorial esta villa ha venerado al que es su patrón y protector por haber puesto en sus manos muchas calamidades y problemas que sufrían los tembleños en épocas pasadas, y haberlos remediado. Al igual que en muchas otras partes de España que ya hemos visto, la elección de este santo como intercesor de El Tiemblo, se llevó a cabo mediante las tan socorridas “sortes sanctorum”, en las que se proponían varios santos, resultando siempre el que precisamente no había participado en el proceso de elección, declarándolo como hecho portentoso.

Pero la devoción al Santo paduano no es sólo un fenómeno local, sino que traspasa las fronteras de El Tiemblo, extendiéndose a otras provincias vecinas como son Madrid y Toledo. De ahí que se haya generado con el paso de los siglos un itinerario de peregrinación que atrae hasta la villa abulense a cientos y miles de devotos que acuden a pedir y agradecer favores al santo. Me centraré en la provincia de Toledo, que traigo hasta este artículo, por la manera en que muchos de sus pueblos viven la devoción a San Antonio, a pesar de los kilómetros que los separan de El Tiemblo.

El Tiemblo se encuentra a mitad de camino entre Toledo y Ávila, ubicado en una antigua red de comunicaciones que unía y une estas dos capitales de provincia. Era paso de arrieros, de carreteros, de comerciantes, que traían y llevaban materias primas y otros bienes, y que procedían de núcleos de la provincia de Madrid y Toledo en su mayoría. La Feria de Ganados que se celebraba en el lugar a mediados de septiembre también fue transmisora del fervor y la devoción a todas esas gentes que acudían desde puntos diversos de las dos provincias vecinas. La gran devoción que profesaban los tembleños a San Antonio y la fama de milagrero del santo, se extendieron a todas esas localidades llevadas por quienes frecuentaban esa ruta que podríamos denominar comercial. La devoción al santo de Padua caló hondo sobre todo en los pueblos de la Comarca de Torrijos, por su cercanía con El Tiemblo. Pronto San Antonio comenzó a obrar milagros en algunos de estos lugares, que extendieron la devoción entre sus vecinos, fomentando la costumbre de peregrinar hasta El Tiemblo para agradecer y pedir al santo taumaturgo.

La gran afluencia de gentes de la provincia de Toledo que aprovechaban la Feria de septiembre para acudir a venerar a San Antonio, hizo que esta fiesta recibiera el nombre que aún hoy se mantiene: la fiesta de “San Antonio de los toledanos”. Es curioso observar cómo a pesar de la distancia, hay familias que en la actualidad mantienen la costumbre de acudir hasta El Tiemblo cada 13 de septiembre para perpetuar la tradición de sus antepasados. Como ya indicaba, la Comarca de Torrijos destaca de manera importante, pues son muchos los pueblos que cada año organizan peregrinaciones ese día y se desplazan hasta este pueblo de Ávila. Entre los milagros documentados de San Antonio hay algunos que están estrechamente relacionados con algunos de esos lugares, bien por haber ocurrido en el pueblo en cuestión, o bien porque el protagonista fuera de allí. Destaca el exvoto que se conserva en la sala contigua al camarín del Santo, en el que se representa un milagro que hizo a una mujer de Gerindote –Toledo-, sacando de un pozo a una burra preñada que estuvo a punto de ahogarse, y cuya dueña se encomendó al Santo, saliendo el animal ileso. Se trata de una pintura en cuya parte inferior reza lo siguiente: “En la Villa de Gerindote a 18 de agosto de 1880. Se cayó una burra que estaba en días de parir en un pozo profundo de 12 varas,  y ofrecida a San Antonio por su ama Eusebia Martín fue sacada sin lesión alguna dando cría felizmente. Gloriado sea Dios en San Antonio del Tiemblo. 1887”.

En otro de los exvotos que decoran las paredes de la nave de la ermita, se hace alusión a la localidad de Torrijos, y a un aspecto que considero de especial importancia debido a que en la actualidad nada queda: se refiere a “cierto arriero que iba por aceite a la villa de Torrijos”. La localidad toledana era centro importante de comercio hasta donde acudían gentes procedentes de muchos lugares a comprar y vender. Fue muy famoso por sus aceites y jabones, y como vemos queda reflejado en uno de los exvotos de El Tiemblo. De todos esos molinos de aceite y jabonerías, ya no queda ni uno sólo en Torrijos. Vemos como también este tipo de pinturas populares como son los exvotos nos pueden dar datos e información de diferentes aspectos socio-económicos que a lo largo de los siglos se han visto modificados con la llegada de nuevos tiempos.

Si tuviera que enumerar todos y cada uno de los pueblos de Toledo que acuden hasta El Tiemblo cada 13 de septiembre, seguramente me dejaría muchos por el camino. Mencionaré algunos de los más destacados por el alto número de personas que los representan cada año en la fiesta: Gerindote, Torrijos, Alcabón, Santa Olalla, El Carpio de Tajo, Escalona, Valmojado, La Mata, Talavera de la Reina… todas esas gentes son fieles a la cita con San Antonio y acuden en coches, autobuses, e incluso andando desde alguno de los pueblos relativamente cercanos. A primera hora de la mañana ya se ven grupos de peregrinos y devotos que ascienden hasta el camarín para besar la imagen del Santo. A media mañana se saca a la puerta de la ermita donde se celebra la Misa. En el ofertorio tiene lugar uno de los momentos de mayor emoción, pues representantes de los pueblos que acuden, ofrecen productos y objetos que posteriormente serán subastados al término de la procesión. Vino, aceite, dulces, manualidades e incluso animales son ofrecidos con devoción al Santo por los toledanos. Mis dos abuelas eran muy devotas, y en varias ocasiones siendo niño las acompañé hasta El Tiemblo el día de San Antonio. Recuerdo como con cinco años salí hasta el altar para entregar un cirio que mi abuela había ofrecido por haber sacado con bien a mi tío de una operación.

Tras la misa llega el momento más esperado por todos: la procesión. La multitud arropa al Santo que difícilmente avanza por las calles del pueblo, pues todos los devotos quieren ir cerca de él y tocarle. Es costumbre que este día se repartan ramos de albahaca que la gente pasa por la sagrada imagen para llevárselo bendecido y guardarlo en sus casas o darlo a algún enfermo. También durante la procesión los niños son puestos en las andas –actuamente carroza- para recibir la bendición de San Antonio. Cuando vuelve de nuevo a la plaza de la ermita, tiene lugar la subasta de ofrendas por las que los devotos pagan importantes cantidades de dinero. Finaliza la jornada con el baile de las jotas a San Antonio, y posteriormente se reparte una limonada entre los asistentes, y los grupos de peregrinos disfrutan de la comida o retornan a sus pueblos.

Los devotos pasan los ramos de albahaca por la imagen

Exvotos en la ermita de San Antonio

El Santo ante la ermita de finales del XVIII
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