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sábado, 12 de enero de 2019

LA ROMERÍA DE LAS NIEVES EN LAS MACHORRAS (BURGOS). EL "BOBO" Y LOS DANZANTES


Las Machorras es una pedanía de la localidad burgalesa de Espinosa de los Monteros, limítrofe con Cantabria, y asentada en plenos valles pasiegos. Un lugar de una belleza paisajística que enamora, y que mantiene una tradición que cada 5 de agosto se perpetúa en la conocida Romería de las Nieves, a la que acuden gentes de todo el valle para venerar a esta Virgen a la que profesan gran devoción.

Cuando el visitante acude hasta este enclave, lo primero que divisa nada más cruzar el río Trueba es la "maya", un árbol de varios metros despojado de sus ramas y decorado con cintas de colores y la bandera nacional, que se coloca la víspera de la fiesta. Los alrededores del santuario se convierten en una feria repleta de puestos en los que se pueden adquirir y degustar los exquisitos manjares de esta tierra que tiene a la ganadería como su principal actividad económica. Sobaos pasiegos, quesadas, quesos, embutidos, artesanías realizadas con madera... Todo un abanico de productos que dan fama a estas tierras y que son un verdadero placer para los sentidos.

Esta Romería es una de las más conocidas y concurridas de la provincia de Burgos que congrega cada 5 de agosto a gran cantidad de romeros, atraídos por los interesantes ritos que la componen. Sin duda, los máximos protagonistas son los ocho niños danzantes, el Mayoral, el Rabadán y el Bobo que, a lo largo de toda la mañana, se encargan de poner la nota de color a esta preciosa fiesta. Los ocho danzantes llevan vistosos atuendos compuestos por camisa, enaguas, medias y zapatillas blancas, un mandil con una pequeña abertura en la parte superior, fajín de color rojo, banda amarilla que cruza el pecho, y dos lazos -uno amarillo y otro rojo- anudados en los brazos. Sobre la cabeza llevan una boina o txapela de color negro y portan castañuelas con las que marcan el ritmo de las danzas. El Mayoral y el Rabadán visten camisa y pantalón blanco, zapatillas del mismo color, fajín y banda rojas, y boina a juego. Ambos portan sendos bastones decorados con cintas y lazos de color verde y rojo, rematados con un penacho de flores de tela.

La fiesta comienza en las primeras horas de la mañana cuando los danzantes dirigidos por el Mayoral, el Rabadán y el Bobo, se dirigen a la entrada del pueblo para recibir a los visitantes. Allí ejecutan sus danzas al son de la dulzaina, el redoblante, el bombo y un pandero. Mientras tanto el Bobo se encarga de hacer cuestación entre quienes acuden a la Romería, no dejando acceder a nadie hasta que le hayan hecho entrega del correspondiente donativo. El Bobo es un personaje pintoresco que lleva un vistoso y colorido atuendo que se compone de camisa y pantalón bombacho de flores de colores, un par de medias de distinto color, alpargatas blancas y negras que se atan a las piernas con unas cintas de los mismos colores, y la capucha que se remata con una especie de gorro cónico, decorada con ribetes. Oculta su cara tras una máscara, y porta en sus manos una espada de madera y unas grandes tijeras rematadas con un par de cuernos de cabra con las que da el tradicional "abrazo" a los romeros. En su cintura lleva un cinturón del que cuelgan varios cencerros.

Cuando han llegado las autoridades, los danzantes ejecutan danzas de bienvenida para acto seguido dirigirse a la iglesia donde tiene lugar la celebración de la Misa. Terminada ésta, la imagen de la Virgen de las Nieves, acompañada por los danzantes, el Mayoral, el Rabadán y el Bobo, recorre las inmediaciones del santuario en procesión. El momento más esperado llega cuando, finalizada la celebración religiosa, los danzantes ofrecen sus danzas pasiegas en la plaza y recitan los tradicionales versos en los que hablan de los acontecimientos relevantes que han tenido lugar en el pueblo a lo largo del año. El encargado de abrir el acto es el Mayoral, que recita varios versos dedicados a la Virgen de las Nieves y en los que habla de la tradición y la devoción hacia la sagrada imagen. En nuestra visita a esta fiesta tuvimos la oportunidad de presenciar de cerca este momento, y pudimos recoger algunos de esos versos que reproducimos a continuación:

Para empezar mi discurso
pido permiso al alcalde,
señores y autoridades,
y a todo el que aquí se halle.

Ante un público ilustrado
levanto mi débil voz,
suplicándoles que tengan
de mis voces compasión.

(...)

Con el transcurso del tiempo
desaparecen los seres,
y tú siempre estás igual
Virgen Santa de las Nieves.

El mayor de tus milagros
fue tu santa aparición
el día cinco de agosto
con un sol abrasador

Que dejaste las señales
en el Monte de Esquilino
dándole tu nombre a un templo
en memoria de tu Hijo.

De las orillas del Tíber
cruzando inmensas llanuras
viniste a fijar tu trono
en estas grandes alturas.

Desde Río Seco a Trueba
desde La Sía a Lunada
todos te llaman a ti
la Virgen de estas montañas (...).

Seguidamente, se alternan los versos que recitan los danzantes con la muestra de las diferentes danzas que ejecutan, como el "caracol" y el "ahorcado". Cuando toca el turno al Rabadán, al finalizar sus versos, corre tras el Bobo intentando golpearle. Termina el acto con la intervención de este último que, subido en un tronco y provisto de una gran tira de papel de varios metros, se encarga de recitar las "Noticias del pueblo" en tono humorístico. Ante las autoridades y el público asistente, va narrando los acontecimientos ocurridos a lo largo del año en el pueblo, por lo general en tono jocoso, que sacan las carcajadas de cuantos lo escuchan. La fiesta se prolonga durante el resto de la jornada y el día siguiente conocido como "Las Nieves Chiquitas".

FUENTE CONSULTADA: Valdivielso Arce, Jaime L., Romería al Santuario de la Virgen de las Nieves: sus danzas, sus personajes, en Las Machorras, tierra de Pasiegos (Burgos). Consultado el 12 de enero de 2019 en www.cervantesvirtual.com

*Los textos y las imágenes son propiedad del autor de este blog.

El Mayoral y el Rabadán

El Bobo

El Bobo con su máscara

Los Danzantes acceden al Santuario de las Nieves

El Bobo se sube al tronco

El Bobo recita las "Noticias del Pueblo"

viernes, 24 de agosto de 2018

LA SUBASTA DEL RAMO DE MARRUPE (TOLEDO)



Muchos son los pueblos que el 24 de agosto dedican sus fiestas a San Bartolomé Apóstol. Es el caso del pequeño pueblo de Marrupe, en la comarca de la Sierra de San Vicente, en la provincia de Toledo. Hasta allí acudí para conocer de cerca la tradición de la "Subasta del Ramo", una de sus mayores señas de identidad.

El papel protagonista lo ostentan los mayordomos y mayordomas, que son los encargados de la organización de las fiestas en honor al patrón de Marrupe y que son elegidos cada año. Ellos son quienes visten el ramo, que supone el elemento más característico de la fiesta. Se trata de una gran rama de árbol que se sustenta en unas andas o parihuelas de hierro y que se engalana a base de roscas de pan, ramos de albahaca, racimos de uvas, ciruelas, peras, manzanas, banderas, cintas y el tradicional plato de cerámica talaverana. El ramo preside la misa en honor a San Bartolomé, y a su término es sacado a la puerta de la iglesia donde tiene lugar la subasta.

Este es uno de los momentos más esperados. Uno de los mayordomos convoca a los asistentes con una campanilla y da comienzo la tradicional puja, que se caracteriza por hacerse como antaño, es decir, en celemines (antigua medida agraria). Me contaba Paco, uno de los mayordomos de este año, que antiguamente se pagaba la equivalencia de los celemines ofrecidos en el dinero correspondiente. Es en ese momento cuando salen electos los mayordomos para la fiesta del año siguiente, privilegio que recae en quien o quienes pujen la cantidad más elevada. 

Una vez rematada la subasta, se traslada el ramo a la puerta del ayuntamiento donde se reparten las roscas y los frutos entre los vecinos de Marrupe. Me decían que antes se repartían las roscas casa por casa, una por cabeza, pero desde hace algunos años se optó por repartirlas en la plaza, a las puertas de la casa consistorial.

Una tradición que se remonta a muchos siglos atrás y que podemos relacionar con un acto de agradecimiento a San Bartolomé por los frutos obtenidos y las cosechas abundantes. Podríamos incluso volver la mirada a tiempos más remotos, y pensar en la posibilidad de encontrarnos ante un antiguo rito agrario de origen pagano de agradecimiento a la tierra que, con la llegada del cristianismo, pudo experimentar el sincretismo que encontramos en otras muchas fiestas de rasgos similares.






*Todos los textos, así como las imágenes, son propiedad del autor.

LA BOTARGA DE ALEAS (GUADALAJARA)


El pequeño pueblecito de Aleas, pedanía de Cogolludo, en la provincia de Guadalajara, es un acogedor lugar donde apenas llegan a la decena los habitantes censados. Cada año en fechas cercanas a la festividad de San Roque revive una de sus tradiciones más arraigadas. Se trata de la aparición de la botarga, un personaje enmascarado que antes de la misa recorre las calles del pueblo para hacer cuestación entre sus vecinos y los visitantes, y que supone el elemento más característico de la fiesta.

La botarga de Aleas utiliza una vestimenta similar a la de otras botargas de la provincia. Viste pantalones y chaqueta de color verde, amarillo, rojo y azul. Lleva atada una cuerda a la cintura de la que cuelgan varias campanillas y en la mano una porra o cachiporra con la que golpea en la espalda, acto que podemos interpretar como propiciatorio de buenos augurios. Cubre su cabeza con una capucha rematada en cintas de colores y el rostro con la inigualable careta de madera de encina que, según me contaban mis informantes, la talló un señor después de la guerra y es la que se ha venido utilizando hasta la actualidad. Aleas es, por tanto, uno de los pocos lugares que conserva intacta la careta original y que aún la sigue usando. Otro elemento muy característico es la "higa", bola de trapo que se cose en el tiro del pantalón emulando los atributos de la botarga. En algunos lugares era costumbre poner alfileres en la higa para que la chiquillería se pinchase al intentar arrancarla.

En mi visita a Aleas tuve la gran oportunidad de compartir un agradable rato con sus amables y acogedoras gentes. Me comentaban que hasta hace décadas la botarga salía el tercer domingo de enero con motivo de la festividad del Santo Niño, y que además lo hacía acompañada de varios danzantes. El éxodo rural y la despoblación obligaron a los vecinos a cambiar la fecha de celebración al mes de agosto para así asegurar la pervivencia de la fiesta. Recordaban además que se elegía un mayordomo que era el encargado de la organización de la celebración y quien asignaba los papeles de botarga y danzantes.

A pesar de los pocos habitantes que quedan hoy en el pueblo, cada año en el mes de agosto vuelven quienes un día tuvieron que marcharse para celebrar la fiesta de San Roque. A media mañana la botarga hace su aparición y recorre las pocas casas del pueblo haciendo cuestación entre sus vecinos. También lo hace con cuantos se encuentra en la calle, y para ello rasca la espalda con la cachiporra hasta que consigue el donativo. La misa se celebra en la ermita de San Roque que en la actualidad hace las veces de templo parroquial, pues la primitiva iglesia se encuentra en ruinas desde que el pueblo fuera arrasado durante la Guerra Civil. La botarga se descubre el rostro cuando llega a la ermita y tras la misa es la encargada de dirigir las pujas o subasta por los brazos de las andas que portan la imagen de San Roque. La procesión recorre las calles del pueblo y una vez terminada, la botarga espera en el lugar donde los vecinos compartirán la comida festiva para continuar gastando bromas y pidiendo a quienes todavía no han hecho entrega del donativo.

De esta manera ha llegado hasta nuestros días esta antigua tradición que los más mayores recuerdan con nostalgia y que las nuevas generaciones se esfuerzan por mantener. Fue un placer poder compartir esta celebración con los vecinos de Aleas a los que desde estas líneas agradezco su acogida y amabilidad, de manera especial a Emilio Herrera, quien se vistió de botarga este año, a Santiago Esteban y al alcalde y concejal del ayuntamiento de Cogolludo. Muchísimas gracias a todos.





*Todos los textos, así como las imágenes, son propiedad del autor.

miércoles, 23 de mayo de 2018

LOS "CINTILLOS" DE SANTA QUITERIA DE FUENTE EL FRESNO

En torno al 22 de mayo, la localidad de Fuente el Fresno, en la provincia de Ciudad Real, celebra sus fiestas grandes en honor a Santa Quiteria. Esta mártir del siglo II recibe una veneración especial en este pueblo manchego, cercano a Marjaliza, en la provincia de Toledo, donde según la tradición, la Santa sufrió el martirio.
Se trata de una fiesta con mucho arraigo que arranca varias semanas antes de los días grandes. Son varios los ritos que la componen y que, por su particularidad, la hacen única.

Quizá uno de esos momentos más llamativos sea la confección de los "cintillos" con que se engalana la carroza sobre la que pasea la Santa en las procesiones. Las cuatro Mayordomías que preparan la fiesta son las encargadas de realizar estos "cintillos" junto a las manos expertas de varias mujeres fuenteras que cada año desempeñan este laborioso trabajo. Los mayordomos días antes recorren el pueblo recogiendo las campanillas, medallas, cascabeleras, rosarios, broches, cadenas... que los devotos de Fuente el Fresno entregan para confeccionar los "cintillos". En una lista van anotando lo que cada vecino entrega para así, pasada la fiesta, poderlo devolver.

Manda la tradición que los "cintillos" se hagan en la casa de una de las Mayordomías, para lo que se hace un sorteo entre ellas. Durante varios días estas se reúnen en la casa que ha resultado elegida para confeccionar los "cintillos". Hasta allí acuden algunas mujeres que desde hace muchos años se encargan de esta compleja, preciosa y antigua tradición, que en muchos casos han heredado de sus mayores. Muchas otras mujeres aprenden esta labor para que la tradición continúe.
Cuatro son los "cintillos", uno por cada una de las Mayordomías, que se realizan en varias tardes. Sobre unas varillas metálicas se coloca un paño rojo adornado con pasamanerías y flecos dorados. Sobre ello se van cosiendo las campanillas, las cascabeleras, las cadenas, las medallas y finalmente los rosarios y unas florecillas de tela que rematan la parte superior. Todo en perfecta simetría, cosido con gran delicadeza; en cada puntada una muestra de la gran devoción que Fuente el Fresno profesa a su patrona.
Cada tarde de "cintillos" supone una gran fiesta en la que también tienen cabida los cantos tradicionales en honor de la Santa mártir. Unas letras que hablan de la vida y milagros de Santa Quiteria, y de la fe que este pueblo ciudadrealeño tiene hacia ella:
Fuente el Fresno es un rosal,
Santa Quiteria una rosa,
Por eso los Mayordomos
la llevan en su carroza.

Al entrar en Marjaliza
hay una zarza pomposa,
donde sufrió los martirios
Santa Quiteria Gloriosa.

Santa Quiteria Gloriosa,
que por la Fuente pasaste,
como tanto te gustó,
de patrona te quedaste.

Cuando se terminan de confeccionar los "cintillos", cada Mayordomía se encarga de custodiar uno hasta que la víspera de la fiesta se llevan a la iglesia y se colocan en la carroza de la Santa. La acompañarán con su particular e inigualable "tintineo" en las procesiones que recorren el pueblo en los días grandes. Al atardecer de la última jornada festiva se retiran las joyas a la Santa, así como los "cintillos", y se devuelven las joyas a sus propietarios. Y así cumple Fuente el Fresno su secular tradición, muestra de devoción y de cariño hacia sus señas de identidad.
Este año he tenido el enorme privilegio de asistir a la confección de estos "cintillos", gracias a la invitación que me emplazó mi amigo José Luís por ser ser su familia una de las Mayordomías de 2018 -la de Sina y José Luís-. Agradezco de corazón a las tres Mayordomías por haberme permitido asistir a este precioso momento, en el que tanto aprendí de los testimonios de los allí presentes. También a las expertas mujeres que mientras cosían joyas se prestaron al reportaje fotográfico. Fue un verdadero placer compartir esa tarde con vosotros. ¡Un millón de gracias!








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domingo, 29 de octubre de 2017

LOS ZAMARRONES DE LOS CARABEOS (CANTABRIA)


El municipio de Los Carabeos en la comarca cántabra de Campoo-Los Valles está formado por tres núcleos: Arroyal, San Andrés y Barruelo. Este rinconcito conserva entre su patrimonio una ancestral manifestación festiva que hunde sus raíces en siglos pasados y que se mantiene viva gracias al esfuerzo de sus vecinos.

Se trata de una mascarada de invierno –Los Zamarrones- que, debido al éxodo rural y las migraciones a las grandes ciudades, tuvo que cambiar su fecha de celebración, pasando a realizarse en el mes de agosto coincidiendo con las fiestas de verano.

Esta mascarada, según me comentaba un miembro de la organización con quien tuve el placer de conversar acerca de la tradición, se celebraba en los días de Carnaval, en concreto el Domingo Gordo y el Martes de Antruido. Por su fecha original podemos deducir que nos encontramos ante una manifestación relacionada con la llamada a la fertilidad de la tierra por su proximidad con el cambio de estación, el paso del invierno a la primavera. Prueba de ello son las monteras que estos personajes llevan sobre sus cabezas, cubiertas de coloridas flores de papel, y los campanos o cencerros que llevan a la cintura para propiciar ese despertar de la naturaleza y a la vez ahuyentar a los malos espíritus.

El llamativo atuendo que visten los Zamarrones se compone de varias piezas: calzones blancos, camisa y esclavina blancas -esta última adornada con lazos de colores-, corbata, botas, collera de campanos y la montera cubierta de flores de papel. Completan el conjunto la pértiga de madera para saltar y el vergajo de cuero como elemento fustigante que se empleaba para amenazar a quien no quisiera hacer entrega de la “perruca”. Al parecer antaño llevaban máscaras, en la actualidad se pintan bigotes.

Hace décadas los Zamarrones salían a las calles haciendo sonar sus cencerros y haciendo cuestación por todas las casas del pueblo. Con el dinero recaudado los mozos organizaban una comida. En la actualidad la fiesta se celebra un sábado del mes de agosto dentro de los actos de las fiestas de verano. Por la tarde los Zamarrones se preparan todos juntos en el mismo local y posteriormente se dividen en tres grupos y se dirigen a cada uno de los tres barrios que componen Los Carabeos: San Andrés, Barruelo y Arroyal. Anuncian la fiesta en cada uno de ellos con el inconfundible sonido de los campanos, y casa por casa visitan a los vecinos a los que siempre piden que les hagan entrega de un donativo pronunciando la tradicional fórmula: “una perruca, una perruca”. Cuando han recorrido todas las casas se concentran los tres grupos en la estación de tren de Los Carabeos, dando lugar a una preciosa estampa que hace volver la mirada a décadas pasadas. Allí en una improvisada reunión acuerdan el modo de actuar una vez hayan entrado en la plaza de Arroyal, y después bajan todos juntos hasta la entrada del pueblo donde esperan para finalmente adentrarse a la carrera en la plaza, donde persiguen a los mozos que corren para escapar de ellos.

En la plaza aguardan otros personajes disfrazados que también forman parte de la mascarada: el guardia civil, el cura, el ciego, las viejas… Allí prenden fuego a una hoguera compuesta por arbustos secos, al tiempo que los Zamarrones corren tras los mozos. Este año se ha recuperado la tradición del canto de las “coplas”, como se hacía antaño con motivo de la mascarada.

Sin duda una joyita de las tradiciones de Cantabria que, gracias al interés de los vecinos de Los Carabeos, se mantiene muy viva y con vistas a seguir haciéndolo en un futuro. Nosotros tuvimos la suerte de vivirla en primera persona.

Los Zamarrones esperan en la estación
Preciosas monteras de los Zamarrones
Tradiciones de ayer y de hoy
Los Zamarrones llegan a la estación de Los Carabeos
Montera, esclavina y campanos
Los Zamarrones se dirigen hacia la plaza de Arroyal
La hoguera en la plaza
"Una perruca, una perruca"
Los Zamarrones recorren los tres barrios de Los Carabeos


Fuente consultada: panel informativo del Ayuntamiento de Arroyal de los Carabeos (Valdeprado del Río).

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