Bienvenidos a OBJETIVO TRADICIÓN, un proyecto que se basa en el estudio y la divulgación del rico patrimonio cultural inmaterial que posee España. Te invitamos a conocerlo a través de los ritos, costumbres, fiestas, tradiciones, folklore... que traemos hasta este espacio. ¡Gracias por tu visita!

sábado, 19 de septiembre de 2015

LOS DANZANTES DEL SANTO NIÑO DE MAJAELRAYO


Cada primer fin de semana de septiembre, los ecos del redoble del tambor retumban a los pies del Pico Ocejón, anunciando que un año más, según tradición secular, los danzantes de Majaelrayo interpretan sus ancestrales danzas en honor al Santo Niño.

Majaelrayo, pueblo de singular belleza de la provincia de Guadalajara, atesora en el baúl de sus tradiciones una manifestación festiva única que cada año atrae la atención del vecino y del visitante. Son las danzas en honor al Dulce Nombre de Jesús –el Santo Niño-, que ejecutan ocho danzantes acompañados por dos botargas. Antaño esta fiesta se celebraba en el mes de enero, fecha propia de celebraciones en honor al Niño Jesús por su cercanía con el Día del Niño y la Epifanía. Pero los vecinos de Majaelrayo, en su mayoría pastores trashumantes, se vieron obligados a trasladar la fecha al primer fin de semana de septiembre para dar lugar a unas fiestas de mayor concurrencia y con buena climatología, y a las que pudieran acudir quienes un día tuvieron que marcharse a la ciudad u otros núcleos mayores.

Los auténticos protagonistas de esta fiesta son los ocho danzantes, miembros de la Cofradía del Dulce Nombre, y los dos botargas. Se trata de una tradición que va pasando de padres a hijos y que a pesar de los nuevos tiempos se mantiene intacta. Se trata de unas danzas que pierden su origen en la noche de los tiempos. Vemos que se repite el mismo esquema que en otras danzas rituales, en las que el principal cometido es la llamada a la fertilidad de la tierra y al despertar de la naturaleza –recordemos que estas danzas se celebraban en enero cuando la primavera ya se encontraba próxima-. También podríamos estar ante unas danzas de carácter pastoril por el entorno en el que se ejecutan, o incluso de carácter guerrero – la danza de las espadas representa una auténtica lucha, así como los movimientos de carácter marcial de otras de las danzas-. Cuatro danzantes son denominados “guías” y los otros cuatro “guardas”, y son dirigidos por el tamborilero que interpreta las diferentes marchas de las danzas con los redobles del tambor, al que antiguamente también acompañaba la gaita o dulzaina. La vestimenta de los danzantes es curiosa a la vez que similar a la que usan otros danzantes de la provincia de Guadalajara e incluso de otros puntos del país. Los danzantes de Majaelrayo visten calzón largo, enagua y camisa blancas, y zapatillas blancas de esparto con cordones negros. Esas prendas van decoradas con cintas y lazos de color rojo y verde. Sobre el pecho llevan cruzadas dos bandas, a izquierda y a derecha, de color verde y rojo respectivamente. Por debajo de los hombros y sobre el pecho, llevan cosidas dos flores de tela en la camisa. A la cintura se anudan un mantón ricamente decorado, dejando colgar el pico y los flecos del mismo por delante. Completa el atuendo el característico y vistoso gorro en forma de mitra, decorado con multitud de flores de tela de colores, y que se asemeja al que usan los danzantes del cercano pueblo de Valverde de los Arroyos. Sobre la espalda llevan sujeta una cinta colocada de forma horizontal de la que penden decenas de cintas de llamativos colores. Llevan palos o castañuelas según la danza que corresponda ejecutar. El tamborilero va vestido de calle y sobre su pecho cruza una banda de color rojo.

También son protagonistas los botargas, que en este caso son dos: el del año en curso y el del próximo año. Dato curioso este puesto que normalmente suele ser un botarga el que esté presente en la celebración, como ocurre en otros puntos de Guadalajara. El traje del botarga del año en curso se compone de pantalón y chaqueta con capucha que alternan los colores verde y rojo de manera contrapuesta. Sobre los hombros lleva una especie de hombreras con vuelo de color azul y amarillo, de las que cuelgan pequeños cascabeles. A la cintura lleva un cinto del que penden por la parte trasera dos campanillas que advierten de su presencia. Del mismo cinto cuelga un cuerno hueco en el que introduce las típicas gachas con las que mancha la cara a la chiquillería y a todo aquel que se distrae durante la misa. En la mano porta una porra con la que pone orden y amenaza a los que se burlan de él. El botarga del año siguiente viste un traje de similares características, que se diferencia del otro en el tipo de tela y los colores que la componen, siendo en este caso rayas de colores amarillos, marrones, anaranjados y ocres. Lleva un pequeño bolsillo cosido en la camisa en la parte izquierda del pecho. También se diferencia en que éste se asemeja a los trajes de los bufones medievales, compuesto por gran cantidad de picos en las mangas y la parte baja de los pantalones y la chaqueta, de los que cuelgan varios cascabeles. Porta también las campanillas, la porra y el cuerno.

La fiesta comienza con la recogida de los danzantes y las autoridades a los que acompañan los dos botargas y la música de las dulzainas. Una vez en la iglesia se colocan en el altar mayor, a un lado los cuatro danzantes “guías” y al otro los cuatro “guardas”. Durante toda la misa los dos botargas recorren la iglesia vigilando que nadie se quede dormido ni se distraiga, y manteniendo el orden impidiendo que en la puerta de la iglesia se forme alboroto. Al inicio de la misa, la rondalla de Majaelrayo dedica unas jotas al Santo Niño. En el ofertorio los dos botargas piden limosna con un cestillo para las Ánimas Benditas del Purgatorio. Acabada la celebración, en la puerta de la iglesia, los botargas “cantan” la puja por el estandarte del Santo Niño y el pendón, teniendo el privilegio de portarlos quienes ofrezcan la cantidad más alta de dinero.

Cuatro danzantes encabezan la procesión portando la cruz y los ciriales, y los otros cuatro portan las andas sobre las que procesiona el Santo Niño. Delante de la imagen se sitúa el “piostre”, que también tiene un papel muy destacado en la fiesta, pues es el que a modo de mayordomo organiza y prepara las fiestas, y las preside como una autoridad mas en el pueblo. Al llegar la procesión a la plaza se detiene y los danzantes interpretan ante el Santo Niño una de las danzas. Al llegar de nuevo a la iglesia, en la puerta, los danzantes dirigen las pujas por los brazos y las cintas de las andas para introducirlas dentro del templo. Una vez que se ha dejado la imagen del Niño en la iglesia, de nuevo en la puerta, los botargas dirigen la puja por las rosquillas y otros dulces típicos de Majaelrayo.

Los danzantes y las autoridades se dirigen a la plaza donde tiene lugar la muestra de todas las danzas. Como veíamos anteriormente, hay varias que se ejecutan con castañuelas y otras con palos. Las más llamativas y curiosas son las de las espadas, la de las fajas y la de las cintas. La de las espadas denota cierto carácter guerrero y se ejecuta con palos a modo de espadas y pequeños escudos metálicos que suenan al entrechocarlos unos danzantes con otros. La danza de las fajas se realiza con fajas de tela negra y se compone de complicados movimientos y vueltas que confieren a la danza gran vistosidad gracias a la destreza de los danzantes. La de las cintas se ejecuta con un palo del que cuelgan varias cintas de colores –una por cada danzante-, que van trenzando a medida que danzan. El palo lo sujetan los dos botargas y los danzantes de manera magistral lo trenzan y destrenzan.


En la última de las danzas, al finalizar, los danzantes hacen una reverencia en señal de respeto mirando a las autoridades que presencian las danzas. El domingo se volverá a repetir el ritual de la misma manera que el sábado, manteniendo así una tradición que Majaelrayo toma como su máxima seña de identidad.

Las cintas aportan gran vistosidad al atuendo de los danzantes

Palos para la danza

El cuerno con las gachas que portan los botargas

Danzantes a la puerta de la iglesia

Majaelrayo: Santo Niño y Danzantes

Danzas en la plaza

La destreza de los danzantes

Danza de las Fajas

Danza de las cintas

Tradición que no muere

Fuente consultada: Programa "Desde Antaño hasta Hogaño", dirigido por el etnógrafo Pedro Vacas.

*Todos los textos, así como las imágenes y los archivos de vídeo son propiedad del autor.

jueves, 27 de agosto de 2015

LOS DANZANTES Y EL ZARRAGÓN DE GALVE DE SORBE


El pueblo de Galve de Sorbe, en la provincia de Guadalajara, festeja cada año el tercer fin de semana de agosto a su patrona la Virgen del Pinar, a la que se dedican unas antiguas danzas rituales que perviven gracias al tesón de los hijos de este pequeño pueblo. Tras algunas décadas en el olvido, allá por los años 80 se recupera gran parte de estas danzas que en sus épocas de mayor esplendor sobrepasaban la veintena según aporta el etnógrafo Pedro Vacas en su programa "Desde Antaño hasta Hogaño", en el que se dedica un capítulo a esta fiesta.

En un principio tenían lugar en el mes de octubre, con motivo de las celebraciones patronales, pero el éxodo rural muy acentuado en esta comarca, obligó a que fueran trasladadas al mes de agosto para así asegurar la presencia de quienes habían tenido que emigrar y dar mayor lucimiento a la fiesta. En la actualidad tienen lugar el tercer viernes y tercer sábado de agosto.

El origen de las danzas de Galve de Sorbe es impreciso, al igual que los de otras danzas rituales que se ejecutan en la provincia de Guadalajara tan rica en tradiciones. Siguen los esquemas de otras que ya hemos visto, que pueden estar relacionadas con ritos de fertilidad de las tierras, con ritos de paso, danzas de carácter guerrero o pastoril… En el caso de las danzas de Galve, podríamos decir que se trata de un rito de paso, pues antiguamente sólo podían danzar los mozos que hubiesen alcanzado una determinada edad. En la actualidad no hay edad definida para poder ser danzante, el requisito imprescindible es tener ganas de continuar con esta bonita tradición. Antiguamente eran hombres los que ejecutaban estas danzas, en la actualidad son en su mayoría mujeres. Tras la recuperación de las danzas Galve de Sorbe cuenta con dos grupos de danzantes: el de los mayores y el de los pequeños que aprenden las danzas para asegurar la pervivencia de la tradición. La vestimenta de ambos grupos es la misma, diferenciándose en los colores y motivos que componen las telas.

El vistoso traje de los danzantes se compone de camisa blanca, chaleco y faja de color negro, corbata, calzones rematados con un puntilla con vuelo, medias caladas blancas, alpargatas de esparto, y una chaqueta abierta en la sisa que deja caer la parte superior de la manga sobre el brazo. La tela que compone el calzón y la peculiar chaqueta es de rayas verticales de color rojo, amarillo y ocre. Remata el atuendo un pañuelo de color amarillo a juego con la chaqueta y el calzón, que se anuda en la cabeza. El traje de los danzantes pequeños es exactamente igual, variando en la tela como ya hemos comentado anteriormente. Se acompañan de castañuelas y palos decorados con cintas con los que ejecutan las diferentes danzas. Ocho son los danzantes que intervienen, acompañados por el “zarragón”. Éste último personaje viste camisa blanca, faja, medias y alpargatas negras, y pantalón ceñido y chaqueta de la misma tela. La chaqueta en su parte trasera deja caer dos piezas de tela, asemejándose a un chaqué. Normalmente lleva un gorro con una borla, y porta dos palos gruesos con los que va marcando la cadencia del baile y que al finalizar cada danza eleva ante la imagen de la Virgen del Pinar, acompañado este gesto de un grito festivo. El “zarragón” en este caso vendría a desempeñar el papel de una botarga, tal y como sucede en otras danzas y manifestaciones festivas de la provincia de Guadalajara. En todo momento se encarga del buen transcurrir de la danza y de que cada danzante se encuentre en su lugar.

La fiesta da inicio el tercer viernes de agosto por la mañana cuando todo el pueblo y los danzantes se dirigen hasta la ermita en procesión con la imagen de la patrona, donde tienen lugar la misa y posteriormente las danzas. El sábado por la mañana tiene lugar la diana por las calles del pueblo en la que interviene un grupo de dulzaineros. Ya a media mañana se celebra la misa, y al término de esta la procesión. La imagen de la Virgen del Pinar aguarda en el portalillo de la iglesia y los danzantes la ofrecen algunas de las danzas de paloteo y castañuelas de su repertorio, acabando todas con una genuflexión de los danzantes ante la imagen de la Virgen y el correspondiente grito del “zarragón”. Tras esto arranca la procesión encabezada por los danzantes que al son de la gaita y el tambor no cesan de bailar ante la Virgen. De cuatro en cuatro los danzantes dando saltos al son de la música, se colocan en la cabeza de la procesión para más tarde volver junto a la Virgen y que otros cuatro procedan de la misma manera. Al llegar a la plaza se coloca en un lateral la imagen de la Virgen y los danzantes vuelven a ofrecer una muestra de sus danzas. Al término, se da paso a todo aquel que quiera bailar ante la Virgen a los sones de la jota, al tiempo que los danzantes descansan y se refrescan en el caño. La procesión retorna a la iglesia parroquial donde los danzantes ejecutan las últimas danzas ante la patrona. Antes de entrar en el templo tiene lugar la puja de los bandos o banzos de las andas, así como de diversos dulces y objetos donados por los devotos para obtener fondos para sufragar la fiesta. Las pujas las dirige el señor Celedonio con gran destreza repitiendo al final de cada una: “La Virgen Santísima le de salud y sus gracias”. Por la tarde los danzantes vuelven a la plaza de Galve para interpretar sus danzas que, como indicaba al principio, antiguamente eran más de veinte, habiéndose recuperado en su mayor parte en la actualidad. Algunas de ellas -que cita Pedro Vacas en su programa "Desde Antaño hasta Hogaño"- son: “Tres hojas”, “El Pastor”, “Madrugaba un caballero”, “Taraverosán”, “La Hurraca”, “Admirable Sacramento”, “Los hidalgos de Bustares”

Alegra mucho comprobar cómo aún hay jóvenes que se esfuerzan en sacar las tradiciones de sus lugares adelante. Es el caso del grupo de danzantes de Galve de Sorbe que cada año trabajan para revivir la tradición que heredaron de sus mayores y que da renombre a este pequeño pueblo de la sierra norte de Guadalajara. 

El "zarragón"

A la espera de la danza

Danzas al comienzo de la procesión

Genuflexión ante la Virgen

La Virgen del Pinar de Galve de Sorbe

Danza de castañuelas

Merecido descanso

El futuro de la tradición

Danzas de ayer y hoy

La procesión de vuelta
Fuentes consultadas: LÓPEZ DE LOS MOZOS, JOSÉ RAMÓN, Fiestas Tradicionales de Guadalajara. Aache. Guadalajara, 2000; Programa "Desde Antaño hasta Hogaño" dirigido por el etnógrafo pedro Vacas.

*Todos los textos, así como las imágenes y archivos de vídeo son propiedad del autor.

jueves, 13 de agosto de 2015

LA “TRAÍDA” DE LA VIRGEN DE MANJAVACAS A MOTA DEL CUERVO


Primer domingo de agosto en Mota del Cuervo, pueblo manchego y conquese que en este día vibra al unísono en torno a la devoción que suscita su patrona, la Santísima Virgen de la Antigua de Manjavacas. Se nota el nerviosismo, la alegría por la llegada de la Madre, por el reencuentro con los que vienen “de año en año”… El frescor de la mañana agosteña enfría los cuerpos, pero no los corazones que ansiosos esperan ver entrar a la Virgen a su pueblo en peculiar carrera. Estas fueron muchas de las sensaciones que presencié y experimenté este año cuando acudí a Mota a la traída de la patrona.

La Virgen de la Antigua de Manjavacas, que toma su último nombre del paraje donde se encuentra su ermita, es festejada en Mota del Cuervo con gran fervor, cumpliendo con la tradición secular de trasladarla al pueblo a la carrera, donde permanecerá hasta el tercer domingo de agosto. Según las fuentes, Manjavacas era un poblado que se ubicaba junto a la laguna del mismo nombre. En dicho lugar se levantaba una ermita que guardaba la imagen de la Santísima Virgen que, según cuenta la leyenda, quiso quedarse allí cuando un carro fue incapaz de seguir su camino por el peso que ejercía la imagen. Cuenta la tradición que debido a los muchos problemas de salud que causaba el clima y el ambiente del lugar, sus habitantes se vieron obligados a abandonarlo, trasladándose unos a Mota del Cuervo y otros a Pedro Muñoz, ya en la provincia de Ciudad Real, localidades cercanas a Manjavacas. Tanto los que se habían ido a Mota como los que se habían trasladado a Pedro Muñoz querían llevarse consigo la venerada imagen. Por distancia correspondía a Mota del Cuervo el honor de quedarse con la Virgen, pero los del pueblo vecino de Pedro Muñoz parece ser que se resistían. Según la tradición oral moteña, las gentes de Mota fueron a Manjavacas y en veloz carrera  trasladaron a la Virgen hasta el pueblo para quedarse para siempre con Ella, de ahí la explicación a lo que cada primer domingo de agosto acontece en este pueblo manchego.

La tradición manda que el primer domingo de agosto al alba comiencen los preparativos y rituales para el traslado de la Virgen hasta Mota del Cuervo. A la salida del sol tiene lugar la misa en la ermita y después uno de los momentos más emocionantes y esperados por los devotos: la bajada de la imagen de su camarín para ponerla en andas. En un estallido de vítores a la patrona, ésta es colocada en las andas del traslado por la persona que pujó por ello en la subasta de oficios que tuvo lugar en las fiestas del año anterior. Tras el desayuno que se ofrece a los presentes se inicia la procesión con la sagrada imagen por los aledaños de la ermita. Tras unos metros se llega al lugar conocido como “el Hito”, blanqueado recientemente por la persona que pujó para desempeñar esta tarea, y donde se coloca la Virgen para prepararla para su traslado. Aquí tiene lugar otro de los rituales más llamativos de la fiesta; los devotos y devotas que han pujado por ello quitan a la Virgen y al Niño todas sus preseas -coronas y tornos, media luna, ramo de la Virgen, bola del Niño…- y cubren a la sagrada imagen con un manto para resguardarla del polvo del camino. El manto es de tela brocada de color verde y cubre a la Virgen en su totalidad, incluida la cabeza, sobre la que se coloca una toca de la misma tela, y la corona de traslado. A la cintura se ciñe un cordón. Por cada oficio se lanzan emocionados vivas a la Virgen y a su Santísimo Hijo, y a los anderos que se encargarán de trasladarlos. Acabado el ritual de preparar a la Virgen para su ida hacia Mota del Cuervo da comienzo la veloz carrera. Anderos y miles de acompañantes llevan corriendo con gran fervor a su patrona a lo largo de siete kilómetros que separan la ermita del pueblo. La carrera tan solo disminuye su velocidad en los puntos en que se produce el relevo de los anderos, y unos instantes en el pozo donde se refrescan. En poco más de media hora la masa de corredores y la imagen de la Virgen perfilan el horizonte manchego próximos ya al pueblo. Los vivan se intensifican, los anderos y los corredores, los moteños y los visitantes, experimentan como sus corazones se aceleran por ver tan cercana la tradición cumplida una vez más. Y es que Mota del Cuervo la siente muy adentro; llama mucho la atención ver como niños con pocos meses ya van ataviados de anderos con sus almohadillas en los carros empujados por sus madres. Y es que me cuentan que es tradición cuando nace un niño en Mota, que las abuelas preparen la almohadilla que quizá algún año utilice cuando tenga el privilegio de ser andero de la Virgen. También me dicen que las madres y las novias las cosen primorosamente para el hijo o el novio que va a ser andero.

A primera hora de la mañana llega la Virgen de Manjavacas a Mota del Cuervo sin detener la carrera, y se dirige hasta el “Pocillo de la Virgen”, donde se coloca sobre una especie de templetillo. Allí de nuevo comienza el ritual de quitar a la Virgen los ornamentos del camino y ponerla los de la procesión que la llevará hasta la iglesia parroquial. Primero se quitan los tornos de las coronas de la Virgen y el Niño, luego las propias coronas, el cordón, y por último el manto. En el momento en que se deja ver el rostro de la Virgen los presentes rompen en aplausos y vivas a la Virgen y al Niño, los pulsos se aceleran, la Madre ya está en su pueblo para atender las peticiones de tantos y tantos devotos. No cesa de escucharse: ¡Viva la Virgen de Manjavacas! ¡Viva su Santísimo Hijo! ¡Viva los anderos! ¡Viva el pueblo de la Mota! Desprovista del manto, una persona la limpia el rostro con un plumero y de nuevo se la colocan sus preseas; primero las coronas y sus respectivos tornos, y después la media luna, la bola del Niño y el ramo. Todas las personas que participan en estos ceremoniales de “vestir” y “desvestir” a la sagrada imagen, pujaron por los oficios el año anterior el miércoles después de la fiesta grande de la Virgen en la conocida como “subasta de oficios”.

Una vez preparada la Virgen, da comienzo la procesión que lleva a la patrona desde el “Pocillo” hasta la parroquia. Antes de llegar hace una parada en un altar que se ha levantado para cantar la Salve en el lugar donde me comentaban que hace años comenzaban las casas del pueblo. Durante todo este trayecto llama la atención ver a niños y niñas que acompañan a la Virgen haciendo sonar campanillas y pequeños tambores por los que pujaron sus padres u otros familiares en las pujas. La banda de música acompaña y ameniza la procesión, los devotos se esfuerzan por conseguir llevar apenas unos metros las andas, mucha gente aguarda en el interior del templo para recibir a la Virgen a su llegada. Cuando entra en la iglesia se la coloca en el altar mayor, donde permanecerá hasta el tercer domingo de agosto, día en que será llevada de nuevo a la ermita de Manjavacas, también a la carrera. En las semanas que la Virgen se encuentra en el pueblo se celebran las fiestas grandes y recorre el pueblo en solemne procesión.


Agradezco la colaboración de mi amigo Nicolás Castellanos, moteño y samaritano, que me habló de la tradición de su pueblo y con el que tuve el enorme placer de vivir la “traída” de la Virgen a Mota del Cuervo.

El orgullo de ser andero

La Virgen entra en Mota del Cuervo a la carrera

Quitando el torno a la corona de traslado

Las moteñas descubren el rostro de la Virgen

Tradiciones que pasan de padres a hijos

Las almohadillas de los anderos

Las tradiciones de todo un pueblo

*Todos los textos, así como las imágenes y archivos de vídeo son propiedad del autor.

sábado, 4 de julio de 2015

LA LOA Y LAS DANZAS A SAN ACACIO MÁRTIR DE UTANDE



A orillas del río Badiel se encuentra la localidad alcarreña de Utande, en la provincia de Guadalajara. En este pequeño pueblo se celebra cada año el domingo más próximo al 22 de junio, festividad de San Acacio Mártir, una fiesta cuyos orígenes se pierden en la noche de los tiempos.

Son la Loa y las Danzas en honor al patrón San Acacio, dos joyas que este pueblo atesora y de las que recibe una importante fama. Las danzas las podríamos encuadrar dentro del grupo de danzas rituales, cuyo origen incierto nos hace pensar en antiguos ritos de carácter agrícola, en los que mediante las danzas se hacía una llamada a la fertilidad de las tierras y las buenas cosechas. Llama la atención la fecha en que tienen lugar, el 22 de junio o el domingo más cercano a este, muy próxima al Solsticio de Verano, lo que nos hace pensar que su origen pueda estar estrechamente relacionado con ritos solares en torno a este momento de cambio de estación en el que la primavera da paso al verano. Los coloridos trajes de los danzantes también podrían estar unidos a estas interpretaciones. Suponemos que con la llegada del cristianismo y por ende con la llegada a Utande de la devoción al mártir San Acacio, estas danzas de carácter pagano pasaron a celebrarse en honor del santo, convirtiéndose en agasajo y muestra de devoción al patrón. La Loa a San Acacio es una loa religiosa, cuyo antiguo texto narra la lucha del bien contra el mal. En ella aparecen varios personajes que encarnan la bondad y la malicia, y que tras una lucha dialéctica, el Bien consigue triunfar.

La fiesta comienza a primera hora de la mañana, cuando un grupo de dulzaineros recorre las calles de este pequeño pueblo alcarreño. A media mañana la imagen de San Acacio sale de la iglesia y los ocho danzantes le reciben arrodillados. Los devotos pujan por cada uno de los cuatro brazos de las andas para obtener el privilegio de portar la venerada imagen durante la procesión. Al llegar a la plaza se hace una parada en la que los danzantes interpretan una danza al son del  laúd delante del Santo. Los danzantes visten enaguas y camisa blancas, un colorido pañuelo anudado a la cintura, cintas de color rojo atadas a la altura de los codos, varias cintas de colores sobre la espalda y una banda que cruza el pecho que hace alusión a la que porta el Santo. Llevan medias caladas de color blanco, y zapatillas del mismo color decoradas con una escarapela. Para la danza utilizan largos palos de mimbre y castañuelas adornadas con madroños.

Tras la procesión tiene lugar la misa, y tras ésta todo el pueblo se congrega en la plaza donde tienen lugar la Loa y las Danzas, momento álgido de la celebración. Primero tiene lugar la Loa, en la que intervienen cuatro danzantes, el gracioso, el demonio, y el ángel. El gracioso encarna el papel del Bien y viste pantalón y camisa a rayas de color azul y blanco, porta una alforja sobre su hombro, lleva gorro de paja, la cara pintada de blanco aludiendo a la pureza, y se apoya en una especie de cayado que se remata con una cabeza decorada con un gorro militar. El demonio es una especie de botarga, similar a otras que encontramos en otros puntos de la provincia de Guadalajara, que viste pantalón y chaqueta de paño de color verde y negro, alternando cuadros de ambos colores; cubre la cabeza y el rostro con una especie de máscara negra con gorro del mismo color, decorados con cintas y ribetes de color rojo, marcando especialmente la boca y los ojos. En su mano lleva una espada con la que amenaza al gracioso. El ángel lo encarna un niño o niña de corta edad, cuyo atuendo es el mismo que el de los danzantes, llevando además un gorro decorado con flores de tela de colores y espumillones dorados, y una espada con un pañuelo de encaje en la empuñadura con la que defiende al gracioso.

La Loa da comienzo con la intervención del gracioso y los cuatro danzantes, que narran las glorias de San Acacio. El demonio interrumpe la intervención del gracioso, pretendiendo en todo momento estropear su discurso y queriendo imponerse sobre él. Le pide que le explique a qué se debe tanta devoción, a lo que el gracioso contesta:

Pues mire usted caballero,
habrá pronto de saber
que San Acacio Bendito
es muy hermoso en extremo,
sabe hacer grandes milagros
que a un devoto de este pueblo
estando de gravedad
le puso al instante bueno,
y otros “muchismos” milagros
que por ser tarde no cuento.

Tras oír esto el demonio amenaza a los presentes anunciándoles que caerán en sus fauces, y se dirige al gracioso al que postra en tierra a sus pies y amenaza poniéndole su espada en el cuello. El gracioso pide ayuda a San Acacio diciendo:
¡Ay Dios mio de mi alma!
¡San Acacio! ¡Santo mio!
Favorece a tu devoto
que lo tienes prometido,
que quien a tí se encomienda
lo sacarás del peligro.

Ante la desesperación del gracioso hace su aparición el ángel que invita al demonio a volver al infierno, diciendo: “quedad en paz compañeros, y que os guarde Dios del Cielo”. Tras la huida del demonio, habiendo triunfado el Bien, los danzantes hacen alabanza al santo y el gracioso da fin a la loa en tono gracioso, haciendo crítica humorística de las mujeres y de su propia vida, y hablando de los pueblos vecinos. Por último pide la bendición al santo y saluda a las autoridades y al cura dándoles las gracias y la enhorabuena por haber podido celebrar las fiestas. Acaba recitando alabanzas a San Acacio:
Adiós Acacio Glorioso
estrella muy relumbrante
échanos la bendición
al gracioso y los danzantes.

Adios Acacio Glorioso
adiós estrella de guía
échanos la bendición
a todos los de esta villa

Adiós Acacio Glorioso
estrella de resplandor
si en algo os he fallado
también os pido perdón.


A continuación de la Loa y para poner fin a la fiesta, los danzantes interpretan las siete danzas que componen el repertorio, acompañados por la música del laúd. Reciben el nombre de “Danzas de los Peludillos”, haciendo alusión a la letra de una de las danzas. El etnógrafo alcarreño Pedro Vacas las enumera en su programa "Desde Antaño hasta Hogaño". Cinco son de paloteo, y las dos últimas de castañuelas. Los nombres de las danzas son: “cuatro frailes motilones”, “ligera de pie”, “peludillos son”, “ligera de rodillas”, “a coger quiricoles”, "a la sombra" y "Marizámpanos". Las vistosas danzas son interpretadas por los ocho danzantes, mujeres y hombres, que realizan complicados quiebros, saltos y mudanzas que dan gran vistosidad al baile.

El Gracioso

El Demonio y el Ángel

Los Danzantes

Danzas de paloteo

Danzas de los Peludillos de Utande

El Demonio
Fuente consultada: Programa "Desde Antaño hasta Hogaño", dirigido por el etnógrafo Pedro Vacas.

*Todos los textos, así como las imágenes y archivos de vídeo son propiedad del autor.